Actualmente existe un rechazo cada vez más generalizado de la sociedad contra el machismo. Esto representa un avance importante resultado del esfuerzo de grupos feministas, organizaciones civiles, integrantes de la academia, entre otras, por evidenciar que el contexto cultural en el que vivimos, las creencias y los valores aprendidos desencadenan en violencia, maltrato y discriminación contra las mujeres y niñas.

Si bien es cierto que una gran parte de la sociedad ya logra identificar algunas de las formas más graves de machismo, como la violencia física, discriminación, los abusos y feminicidios, persiste un gran problema en torno a sus manifestaciones menos patentes, las ocultas en lo cotidiano.

Estas modalidades de machismo son sutiles, casi imperceptibles. Incluyen gestos, estrategias, conductas y palabras que acontecen en la vida diaria y refuerzan el poder de dominio de los hombres sobre las mujeres, dañando su autonomía y libertad.

Para identificarles se ha empleado el término “micromachismo”, aunque de “micro” no tienen nada. Al contrario, sus impactos son mayúsculos. Veamos algunos ejemplos.

“Me habla como si fuera tonta”. Mansplaining: el hombre asume que la mujer con la que habla sabe menos que él y le explica algo sin que ella se lo pida. Lo hace con tono paternalista y condescendiente. Asume que conoce mejor del tema y la desacredita simplemente por su género.

“¡Déjame hablar!”. Manterrupting: interrupción constante e innecesaria de un hombre hacia una mujer cuando ella está hablando impidiéndole de esta forma terminar su discurso.

Estos dos ejemplos de manifestaciones del machismo impactan considerablemente en la autoestima de las mujeres. Les provoca inseguridad, les enseña a callar y limita que expresen lo que saben. Además, hace que duden de sus conocimientos o experiencia.

“No reconocieron mi aportación”. Bropiating: el hecho de apropiarse y llevarse el crédito por una idea que, en la práctica, fue generada por una mujer. Limita el crecimiento laboral de las mujeres e invisibiliza su trabajo.

“Deja de imaginarte cosas”. “Seguro estas muy confundida, yo no dije eso”. Gaslighting: consiste en hacerle creer a una mujer, de forma muy sutil, que está loca. La mujer duda de su propia percepción, juicio o memoria. Resulta en un grave abuso emocional.

Seguramente puedes identificar una o más de las situaciones anteriores. Y es que el machismo no es algo de sólo algunos hombres o de algunas mujeres. Es de carácter estructural. Sin embargo, como expone la autora Marina Castañeda, no hay que entenderlo como un atributo personal, sino como la forma en la que aprendimos a relacionarnos.

En una sociedad machista, todo el mundo es machista. De igual forma, en una sociedad machista todas las personas resultamos víctimas del machismo, incluyendo a los hombres que, de otras formas, también se encuentran encadenados por los roles de género y estereotipos que nacen de una cultura machista.

Este tipo de comportamientos suceden todos los días y podrían parecer inofensivos, pero en realidad representan una forma más de maltrato hacia las mujeres. Un tipo de violencia que no debe tomarse a la ligera, pues produce un daño constante que conforme pasa el tiempo se va agravando.

Hoy más que nunca, con la situación actual de violencia de género en el País y en el mundo, el machismo tiene que seguir en la conversación. No sólo de sus manifestaciones más evidentes y claras, sino también en las ocultas.

Encontrar la solución a esta problemática no es algo sencillo. No se arregla y desaparece de un día para otro, sobre todo por lo arraigado de estas prácticas en nuestras costumbres. Pero identificarlos es el primer paso para combatirlos.

El gran triunfo del machismo es pasar inadvertido. Comencemos por detectar y señalar este tipo de conductas y hagamos un esfuerzo por eliminarles de nuestro actuar cotidiano.

Para que el machismo prevalezca en nuestra sociedad es necesario que todos y todas participemos en él. Y para que se desvanezca es necesario que todos y todas desaprendamos lo aprendido y desarrollemos otras formas de relacionarnos.

Les invito a reflexionar sobre el tema. Es importante la autoevaluación, porque sólo con la transformación individual vendrá la colectiva. No hay de otra forma.

La autora es investigadora del Centro de Educación para los Derechos Humanos de la Academia IDH