MAFALDA.- ¿Y tu papá, Libertad, a quién piensa votar en las siguientes elecciones?

LIBERTAD.- Cállate. ¡Anda con una cara, pobre!

MAFALDA.- Ah, ¿todavía no se decidió por ningún candidato?

LIBERTAD.- Sí, se decidió. ¡Y anda con una cara, pobre!

No es necesario ver una sola viñeta con los trazos inconfundibles del maestro Quino -aunque sería deseable- para poder visualizar esta escena, cuyos diálogos son de una vigencia y pertinencia actuales que no sabemos si volvernos a desternillar de risa o llorar desconsolados.

La tira Mafalda sólo se produjo durante una década (de 1964 a 1973). Dos generaciones al menos nos separan de las disertaciones de esta niña que servía de álter ego para su autor, Joaquín Salvador Lavado Tejón. No obstante, la incertidumbre política para el ciudadano latinoamericano, estadounidense o coahuilense es la misma al día de hoy, por lo que unos y otros deambulamos por ahí con una cara que mucho habrá de asemejarse a la del papá de Libertad.

Quino se agotó de hacer Mafalda, que llegó a traducirse en 26 idiomas y decidió cortar por lo sano. Pero no, no mató al personaje como tantos necios aseguraron durante décadas.

Es natural, que, siendo tan politizada, uno u otro, Quino o Mafalda, terminarían agobiados de una situación mundial en constante crisis, reflejada necesariamente en el respectivo contexto nacional y local.

Quizás por eso mismo, por saber tomar distancia a tiempo de la toxicidad política, el monero argentino vivió hasta la saludable edad de 88 años.

Apenas el martes, 29 de septiembre la primera tira de Mafalda, celebró 56 años desde su aparición y un día después el autor pagaba tributo a la vida con su lamentable deceso.

La pibita fue para millones de seres humanos (principalmente, pero jamás exclusivamente latinoamericanos) la primera consciencia política que jamás tuvimos. Una con la que era fácil identificarse porque odiaba la sopa y la injusticia, pero amaba a sus amigos y a los Beatles.

Quino ha muerto, pero mientras haya un gobierno abusivo, un régimen dictatorial, un político demagogo, desigualdad entre los individuos, las clases sociales y los países, allí estará viva Mafalda (o sea que tiene garantizada su existencia básicamente a perpetuidad).

De regreso al argumento de la tira al inicio de este texto, podemos ufanarnos de que nuestros dilemas como electorado se asemejan mucho a los que atribulan al ciudadano estadounidense, pues no sabemos si votar por los pendejos que ahora nos gobiernan, o por aquellos otros pendejos que nos orillaron a votar por los primeros.

Por supuesto, el agobio es un raro privilegio de las clases pensantes, puesto que los devotos del presidente, llámese AMLO o llámese Trump (“Donal’ Trun”), ni sudan ni se acongojan. Lo tienen todo muy claro y muy diáfano.

Lo mismo los partidarios de sus respectivas oposiciones, que en toda su candidez e inocencia se creen que es tan fácil como cruzar la otra opción en la boleta y listo.

Felicidades a ustedes que no tienen dudas. Pero para los que estamos al tanto de que la situación es mucho más compleja, tanto que es muy posible que sea virtualmente insoluble por cualquier vía política conocida por el hombre, pues permítanos andar por allí con nuestra cara del papá de Libertad.

¡Quino ha muerto, señoras y señores! ¡Que viva Mafalda!

¡GRACIAS, KIM!

Como si el 2020 no fuera ya lo bastante aciago, esta semana se llevó también un proyecto que algunos saltillenses vimos nacer y resistir tanto como le fue posible.

Sin apoyos oficiales, mecenazgos o padrinazgos de las vacas sagradas de la cultura, “KIM Cafetería, Breve Librería Mínima” de mis queridos, talentosos y admirados Víctor Palomo y Cinthya Rodríguez, nació como una apuesta por el arte no alienado, la cultura no institucionalizada y por el más puro amor a las letras.

Deseo de corazón que no lo asuman como una batalla perdida. Este año se ha cargado hasta algunas bestias del capitalismo que parecían invencibles. Si hoy tienen que replegar este proyecto, confeccionado de letras, música y plástica, es porque hoy el mundo se nos hizo minúsculo y no caben sueños tan grandes.

Por lo pronto, todas las existencias de arte y libros están siendo rematadas. Quizás si le brindamos asistencia a nuestra breve librería, pueda plantearse lo más pronto su renacimiento.

¡Tomen un merecido descanso, reinvéntense, pero por favor no desistan! Saltillo no ha hecho conciencia de cuánta falta le hará Kim.