Manuel Acuña a su llegada a la Ciudad de México. Autor desconocido. / Foto: Especial.
En días pasados se ha cumplido el aniversario luctuoso 146 del poeta saltillense; sin embargo, la poca dedicación concreta a la preservación de su vida y obra en su tierra natal nos demuestra una brecha entre el discurso oficial y los hechos

Hay algo irónico en el destino final y la percepción de la posteridad sobre Manuel Acuña.
Se le cita –erróneamente- como modelo del amante suicida, y a pesar de haber muerto en la más absoluta desesperación y miseria, hoy el premio literario con un mayor monto económico del país, y probablemente del continente –al menos en el género de la poesía– lleva su nombre: nada más y nada menos que cien mil dólares ( casi dos millones de pesos). En su tiempo, el gobernador que impuso el desmesurado monto del galardón, lo justificó diciendo de que a mayor cantidad, mayor el “prestigio y la difusión de Coahuila”. Es decir: lo cuantitativo definiendo lo cualitativo. Quizá obvió o ignoraba que uno de los premios más prestigiosos del mundo, como el francés Goncourt sólo consta en su dotación de 10 euros. La pregunta hoy es –en épocas de terribles subjetividades e intereses extra artísticos como factores insoslayables en la construcción de un prestigio intelectual– ¿Ganaría un poeta como Acuña –marginal, periférico, démodé- el propio premio Manuel Acuña?

En febrero de 2017 la novela de Víctor Palomo fue declarada ganadora del Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano.

Sepulcros

José Emilio Pacheco dijo de las obras completas, que éstas fungían a veces como un sarcófago para el propio autor, enterrándolo en la ilegibilidad. No hace mucho, a propósito de su 140 Aniversario luctuoso, el Gobierno del Estado de Coahuila publicó un par de volúmenes. En los estudios críticos que buscaron abordar su obra, además del clásico texto del poeta Marco Antonio Campos, especialistas instantáneos como Herbert y Gaona le endilgan adjetivos como “torpe”, “desafortunado” y “cursi”. Muchos autores contemporáneos siguen viendo al poeta que triunfó como ningún autor coahuilense en la capital –y sin apoyo vitalicio del FONCA- con una condescendencia entre cínica y seudo posmoderna. Hoy, a muchos que lo han leído poco y mal, les parece arcaico, rebasado. Hay efigies, homenajes, publicaciones, encuentros “internacionales” de poetas, pero se sigue sin leer a Acuña. ¿Su casa natal en la calle de Allende? en el olvido. ¿Su tumba en la Rotonda de los Hombres Ilustres? Hasta hace algunos pocos años, una terca fanática de sus versos venía año con año desde Ciudad Juárez a pagar con sus propios ahorros el remozamiento de su sepulcro y a traerle flores cada 5 de diciembre.

A pesar de las diversas gestiones la obra sigue inédita al día de hoy.

Del dicho al hecho

Por ello, no es aventurado escribir que en Coahuila, el desinterés sobre Acuña es crónico. Aquí, otro hecho que lo remarca: en febrero de 2017, la novela “El Pasado”, de la autoría del escritor saltillense Víctor Palomo, quizá el estudio biográfico más completo hecho a la figura de Manuel Acuña y sus contemporáneos; fue declarado ganador del Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano. Además de la dotación económica del premio, la convocatoria se comprometía a la publicación del mismo. Sin embargo, pasaron los meses, pasó un año. Dos. Y hubo de mediar infinidad de comunicaciones electrónicas ytelefónicas con los organizadores del premio. Incluso una carta al Secretario de Cultura de Guerrero, quien prometió a principios del presente año la edición de la novela. Lo cual tampoco sucedió. Incluso, la mediación del novelista Martín Solares, uno de los jurados que en su momento ponderó la calidad de la obra, tampoco hizo algún efecto.
Sobra decir que, a pesar de la doble pertinencia de una situación que afectaba a un autor local, redoblado además su interés por tratarse de una obra con el el escritor coahuilense más reconocido como tema; tampoco ello bastó para que ninguna institución cultural de Coahuila tomara cartas en el asunto, o intentara al menos algún tipo de mediación oficial.

La poetisa Laura Mendez, musa de Acuña en su madurez. / Foto: Especial.

Una novela inédita
Pero ¿Qué es “El Pasado”? El mismo Víctor Palomo lo responde:
“Uno escribe. Uno escribe cosas. A veces recados, direcciones, números. A veces uno también escribe libros. Y cuando uno escribe libros, es para publicarlos.
Hace 19 o 20 años, me propuse algo: escribir una novela sobre Manuel Acuña. Al principio era casi una fantasía. Pero, ¿desde dónde escribirla? Material había de sobra y al alcance. “Todos” habían hablado de Acuña de alguna u otra forma: todos, unos más, otros menos extensamente. Desde Benjamín Jarnés hasta Antonio Plaza, Flores Tapia o Farías Galindo: desde Justo Sierra y Altamirano hasta Juan de Dios Peza, Cuenca y Cuéllar. Desde José Luis Martínez o Juan José Arreola hasta Octavio Paz, Alí Chumacero y Eduardo Lizalde.
Durante los dos primeros años descubrí que casi todos hablaban de lo mismo y se perdían en un punto de la trama: que la muerte del poeta estaba llena de misterios, sospechas y silencios: lagunas, que los datos sobre la vida de este hombre se había borroneado y vuelto a escribir sobre las misma tachaduras. Que el hijo de Manuel Acuña y Laura Méndez era el argumento de dos o tres leyendas urbanas, como aquella donde Acuña “tiene un hijo con su sirvienta”. Y que mi fuente de inicio: “Manuel Acuña”, de Farías Galindo (Edición de autor, 1971), estaba completamente equivocada, confusa, absurdamente dispersa y contradictoria.

Acuña en su tierra natal, el desinterés persiste. / Foto: Alejandro Pérez Cervantes.

Para entonces (2004-2005), decidí que la novela a escribir no requería de fantasía, estando tan llena de ella su “historia oficial” y sus biografías. Decidí entonces que debería ser una historia sólo a partir de lo real, de los nombres reales de las calles de entonces, de las personas de entonces, de los cafés de entonces. En cuanto a los ambientes y espacios lo tenía todo: en ese plano histórico por el que deambuló Acuña había enanos, elefantes, actrices rusas, enanos húngaros, clowns, poetas; bandidos, duelos, celdas y palacios.
Sobre estas conjeturas a las que volví una y otra vez corrieron cuatro o cinco años de escritura. Pero pesaba el silencio de Laura.
Hacia el 2015, después de un largo periodo en los cajones, me decidí terminar la novela: fueron los últimos meses de ese año y los primeros del siguiente que dediqué la mayor parte de mi tiempo a escribir. Hacia junio  de 2016 la novela estaba terminada.”

En conclusión: el Instituto Municipal de Cultura disolvió su convocatoria de ediciones, dejándolo todo al criterio personal de Iván Márquez y Jesús de León. Aparte que sus tirajes no se encuentran por ningún lado. Otras instituciones se dedicaron a editar libros como proyectos de validación intelectual para políticos en ascenso. La Secretaría de Cultura, única que continuó sus convocatorias anuales, también publicó libros fuera de concurso –lo cual no sería reprobable si dichos volúmenes demostraran de alguna forma su mérito artístico y su pertinencia- Entonces ¿Si hay recursos e interés para publicar libros que nadie pidió, por qué no publicar un libro de un reconocido autor saltillense, sobre el más grande poeta de Coahuila, y además Premio Nacional de Novela?
Vaya usted a saber. Misterios de la administración pública.

 

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