Las bacterias que se localizan en las pozas o manantiales de Cuatro Ciénegas, las cuales forman estromatolitos, es decir, una especie de estructuras con aspecto de piedra, que encierran el misterio del origen de la vida. Foto: Vanguardia/Archivo
Las pozas de Cuatro Ciénegas son el único lugar donde habita la mayor diversidad de bacterias de más de 3 mil 800 millones de años de antigüedad

La clave para entender cómo surgió la vida en la Tierra y así comprender la evolución en Marte se encuentra en las pozas de Cuatro Ciénegas, Coahuila, el único lugar donde habita la mayor diversidad de bacterias de más de 3 mil 800 millones de años de antigüedad, señaló Valeria Souza, investigadora del Instituto de Ecológica de la UNAM.

“Tanto en Marte como la Tierra hay señales de metano que es el primer metabolismo autótrofo donde ellos (las bacterias) hacen su propia azúcar y de metabolismo del azufre tanto en mar como en la tierra, lo cual nos indica que hubo vida en los planetas, lo que no sabemos es si en Marte esa vida se extinguió porque se le fue el agua de encima o esa vida continúa entre las piedras”, expresó.

Las bacterias que estudia Souza se localizan en las pozas o manantiales de Cuatro Ciénegas, las cuales forman estromatolitos, es decir, una especie de estructuras con aspecto de piedra, que encierran el misterio del origen de la vida, pues se trata del lugar con menos fósforo del planeta Tierra, “por eso es un modelo de astrobiología porque el fósforo es raro en todos los planetas y aquí la vida lo arrancó de las piedras a la fuerza”.

“Cuatro Ciénegas es el mejor análogo tanto de Tierra temprana como de Marte por sus minerales, por la presencia de metano y metabolismo del azufre. Tanto en el cráter Gale (Marte) como en el Churrinche (Cuatro Ciénegas) cayó un meteorito que con el fuego hizo hielo y en Cuatro Ciénegas fue el fuego magmático que movió los continentes por todos lados y esas dunas de yeso son polvo de caracol del jurásico”, señaló la investigadora.

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EL ORIGEN DE TODO

La Tierra se formó gracias a Tea, que era rica en agua y carbono y Terra, que era rica en metales, juntas hicieron posible la combinación química que dio origen a la vida. Al principio la atmosfera era muy rica en nitrógeno y casi no había oxígeno, el mar llovió, estaba dentro de las rocas, salió de los volcanes.

“El agua estuvo en forma de vapor, luego se enfrió y se formaron charcos, luego charcos grandes y después mares someros”.

Existe una hipótesis que dice que probablemente en un charco como éstos, nadie sabe cómo se originó la vida, cayó un asteroide e hizo un cráter. El golpe en la arcilla pudo provocar que se liberara el fósforo, necesario para la vida. El DNA está hecho de fósforo y la energía química que usamos está hecha de fósforo. Que era muy raro en la Tierra primitiva.

De acuerdo con la investigadora, hace 3 mil millones de años la Tierra y Marte tenían mares de la misma profundidad, pero Marte al ser más chico no pudo contener su atmósfera y por lo tanto no pudo contener su mar, pero los procesos iniciales, con la presencia de metano y azufre, dejaron su huella en ambos planetas.

“Entender cómo inició la vida y cómo se transformó la Tierra en un planeta azul es muy importante para la NASA, y para todos, porque entonces el tener un planeta azul con oxígeno es una bioseñal clarísima, pero esa bioseñal tomó alrededor de 4 mil millones de años”, explica.

Las bacterias que estudia Souza y su equipo de trabajo en Cuatro Ciénegas, lugar en el planeta donde existe menos fósforo, son las mismas que forman estromatolitos, una especie de estructuras con aspecto de piedra, que encierran el misterio del origen de la vida. “Por eso Cuatro Ciénegas es un gran laboratorio, es un modelo de astrobiología, porque el fósforo es raro en todos los planetas y aquí la vida lo arrancó de las piedras a la fuerza”.

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Churince, Cuatro Ciénegas, crónica de una muerte anunciada; hay esfuerzos por revivir el oasis

 En Cuatro Ciénegas se encuentran las bacterias que cambiaron el color del planeta Tierra de anaranjado a azul hace millones de años. Así lo explica la doctora Valeria Souza, quien se ha convertido en la principal investigadora de esta región sui generis del mundo, donde aún habitan estructuras microbianas conocidas como estromatolitos, organismos que dominaron el registro fósil de la Tierra por millones de años durante el Precámbrico.

La especialista, recientemente nombrada como miembro de la Academia Americana de Ciencias y Artes (AAAS, por sus siglas en inglés), comenta que una de las principales ventajas de este reconocimiento es poder hacer eco sobre la tragedia ambiental que vive Cuatro Ciénegas, en Coahuila, el foco de sus investigaciones desde hace dos décadas y en donde la extracción voraz de agua finalmente mató al Churince, uno de sus principales sistemas hídricos.

La emoción se desborda cuando habla del lugar que ha sido el epicentro de sus investigaciones desde hace muchos años.

Es el único lugar del mundo donde actualmente coexisten los estromatolitos, organismos característicos de la vida temprana en la Tierra, con una heterogénea comunidad de animales. En este sentido, el lugar se ha vuelto un sitio estratégico para la astrobiología, una disciplina que pretende estudiar la vida fuera de la Tierra y cuyo objetivo es entender cómo empezó y evolucionó nuestro planeta para facilitar la búsqueda de vida en otros de manera más eficiente, pues en este lugar las bacterias parecen ser la base de la cadena alimenticia.

Biólogos, limnólogos, genetistas, paleontólogos y otros especialistas han analizado este territorio que en la actualidad funciona como un laboratorio natural para el estudio de la evolución en la Tierra. El interés de instituciones como la NASA en este territorio está vinculado a que el tipo de sales y la dinámica del agua podrían ser análogas a las de Marte y serviría como un modelo para buscar vida en el Planeta Rojo.

La científica del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explica que la sobreexplotación del agua de este oasis incrustado en una montaña ha impedido que el líquido fluya naturalmente hacia el desierto, dañando a las “bioingenieras más poderosas que se conocen”, las comunidades vivas antiquísimas que convirtieron los océanos y la atmósfera en medios oxidantes que le dieron a nuestra atmósfera el oxígeno que nos permite respirar y la capa de ozono que nos protege de la radiación solar ultravioleta.

USO AGRÍCOLA DESTRUYE LAS POZAS

Cuenta que en tiempos de Porfirio Díaz fue diseñado un canal llamado Saca Salada, cuya función era apartar el agua del humedal para poder sembrar y establecer el pueblo. Al principio era un canal somero, pero en tiempos del expresidente Luis Echeverría, a principios de los 70, creció a tres metros de ancho por cinco de profundidad. El extraer todos los días el agua del humedal hacia la ciudad Frontera, en Monclova, se convirtió en una tragedia, pues hasta hoy se utiliza el agua más preciosa del planeta, la que guardó la vida de una Era para cultivar alfalfa en medio del desierto.

Para la especialista, la única forma en que  sobreviva Cuatro Ciénegas es cerrar ese histórico canal y brindar a los usuarios de afuera del Valle un sistema de agua de pozo.

“Si no se hace ahora, los daños serán mayores. Ya se murió uno de sus ecosistemas más diversos y ya no se puede recuperar. Además de los microorganismos que se llevó, se extinguió con sus variedades de peces, tortugas, ranas y caracoles. Se murió también sin la posibilidad de acabar el recuento completo que hacíamos de uno de los lugares más diversos y diferentes de la Tierra”, asegura.

INTENTOS POR FRENAR SU EXTINCIÓN

Valeria Souza cuenta que hace poco estuvieron en la zona con representantes de las comisiones nacionales del Agua y de Áreas Naturales Protegidas, pero desgraciadamente las obras que se realizan para tratar de regresar agua al humedal son mínimas: “Con unos tubos muy angostos, de alrededor de 10 centímetros de diámetro, tratan de recargar los humedales. Hay buena voluntad, pero lo vemos como una especies de ‘curita’ para un enfermo grave que se desangra”.

Desde 2002, la muerte de este sistema hídrico era inminente ante la voraz extracción del vital líquido, y a decir de Souza, se realizaron algunas acciones, que simplemente retardaron la muerte de una laguna de dos kilómetros de diámetro y un río que lo conectaba con una laguna intermedia y un manantial. Alguna de las acciones mencionadas fue detener el desarrollo de 250 pozos en uno de los valles; sin embargo, “se han abierto más pozos en el Valle del Hundido, al sur de Cuatro Ciénegas y sí están conectados. Además está saliendo el agua por otros cinco canales. Es quitar por varias partes y en el desierto la suma de estas variables es más determinante (...) Hoy, de toda la riqueza del Churince, sólo queda un ojo, un ojito de agua, pero todo lo demás se perdió y con él, una parte fundamental del tesoro ecológico de México y  vestigio fundamental de la humanidad”.

Pese al sombrío panorama, Souza dice que aún hay oportunidad de rescatar esta ventana al pasado y futuro del planeta, pero se debe terminar con la extracción de agua de los humedales cerrando los canales que llevan el agua del humedal hasta 80 kilómetros afuera del valle.

Hace poco, los especialistas tuvieron la fortuna de encontrar otro ecosistema también muy diverso, aunque diferente al Churince. Su nombre es Domos del arqueano y se encuentra dentro de los límites del rancho de Pronatura. “Lo que está en juego son las criaturas que hicieron a este planeta tal como lo conocemos y que, de hecho, pueden formarlo otra vez, pues el valor  biotecnológico de este territorio es gigantesco”, explica.

CAMPOS PARA LA CIENCIA

Cuenta que en estos microorganismos milenarios “hay posibilidades crear nuevos antibióticos y se han identificado bacterias que tienen compuestos incluso con potencial para tratar enfermedades como el cáncer”, dice sobre investigaciones donde trabajan expertos de la Universidad Autónoma de Nuevo León y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) Irapuato, entre otros.

Otro punto fundamental para el rescate de Cuatro Ciénegas es su potencial de agricultura sustentable, no como los cultivos de alfalfa que consumen indiscriminadamente los recursos hídricos de la región. Para esta labor ha sido fundamental la vinculación de los especialistas con proyectos educativos en la zona, como el caso del Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario (CBTA) 22, donde un grupo de científicos se involucraron para darle nuevas herramientas a los alumnos, a fin de conocer el lugar donde viven y hacerlos conscientes de su riqueza.

El trabajo empezó incluso dándoles seguimiento desde su educación básica. Mediante el Laboratorio de Evolución Molecular y Experimental iniciaron un proyecto con la finalidad de acercar a los habitantes locales al conocimiento científico de Cuatro Ciénega: “Estos chicos pasaron de estar en un bachillerato olvidado a ser un ejemplo de cómo crear proyectos sustentables para cultivar en el desierto. La gente local es la que mejor emprende soluciones locales”.

Narra que cuando llegaron a trabajar con ellos en 2004 había mucha deserción escolar y ahora es un colegio que muestran con orgullo y tienen expectativas universitarias.

Ahora la experta está inmersa en un proyecto para conseguir equipo, pues la agricultura sustentable requiere herramientas científicas: “La alfalfa en el desierto es un desastre espantoso, pero están encontrando nuevas alternativas. Ellos son los hijos de los campesinos, los dueños de la tierra. Antes no había orgullo en volverte uno, pero cuando se dieron cuenta que podían transformar el mundo con buena agricultura, cambiaron las expectativas. Ya hay orgullo de su tierra y entonces hay esperanza”.