Esta semana vimos algo que muchos no esperábamos ver nunca. Un asalto al Capitolio de Estados Unidos por parte de manifestantes a favor de Trump. La última vez que esto ocurrió fue en 1814, sí, hace dos siglos, justo en medio de la Guerra Civil.

¿Qué estaba pasando en el Capitolio en ese momento? Tanto el Senado como la Cámara estaban votando la certificación del Colegio Electoral estadounidense y así legalmente darle el triunfo a Biden. Esto rompió el ciclo de transiciones pacíficas del poder en Estados Unidos.

Estados Unidos es la democracia más vieja, sus instituciones han servido de modelos a decenas de países alrededor del mundo. Se ha caracterizado por el éxito en que ciertas políticas públicas no dependen de quien esté en el poder, sino del funcionamiento (exitoso) de estas instituciones. Sin embargo, eso se rompió esta semana.

Si bien ya se hablaba de estos cambios, (“Cómo mueren las democracias”, de Levitsky y Ziblatt), en lo personal jamás pensé que iba a ver lo que ocurrió esta semana en Estados Unidos. Los videos y fotografías en medios de comunicación y redes sociales se podrían pensar para cualquier país de América Latina, África o hasta el sudeste asiático, ocurrió en el país que basa su política exterior en defender la justicia, la libertad y la democracia. Sin duda, esto nos hace pensar que el mundo está cambiando (y muy rápido).

Esto me deja tres reflexiones que quisiera compartir:

1. Ninguna democracia es perfecta. La democracia es un trabajo de todos los días, los sistemas democráticos deben adaptarse a las realidades sociales y económicas de las sociedades a través de los tiempos. La democracia la construyen ciudadanos. Es decir, de nosotros como ciudadanos depende la fortaleza que tengan. Instituciones sólidas pueden contrarrestar líderes populistas y demagogos como en este caso. Vale la pena defenderlas e invertir en ellas.

Esta semana, López Obrador comenzó una campaña (más fuerte) para desaparecer el INAI, institución encargada del acceso a la información pública y la protección de datos personales. Defender las instituciones en México hoy, previene asaltos a la vida pública mañana.

2. Líderes autocráticos, populistas, son un riesgo latente para la democracia. La polarización política que Trump incentivó desde su campaña del 2016 y a lo largo de todo su gestión, dio resultados. Lo que vimos esta semana en Estados Unidos fue solamente la consecuencia de que cada vez los ciudadanos están más separados unos de los otros y no pueden ser empáticos ni comprender las diferencias entre ellos, y peor aún, no pueden encontrar algo en común con sus connacionales.

El mundo de chairos y fifís no es diferente a lo que ocurre en Estados Unidos. De nosotros depende hasta dónde marcará nuestra vida política.

3. Invertir en educación cívica.  Se cree que ser ciudadano llega con la mayoría de edad, cuando nos dan nuestra credencial para elector. Y no, ejercer la ciudadanía tiene que ver con derechos y responsabilidades, pero más allá de eso, tiene que ver con la adquisición de valores y habilidades a nivel interpersonal e intrapersonal, que nos permitan ser capaces de convivir en sociedad.

Estados Unidos es un país que tiene políticas públicas sobre educación cívica e invierte de forma sistemática en ella. En México, no hemos tenido la capacidad aún de plantear una estrategia real (y con presupuesto) de educación cívica que nos deje visualizar cómo queremos que sea nuestro sistema de gobierno al largo plazo.

A todo esto, agreguemos el componente de la pandemia y el confinamiento obligado de estos últimos meses, y la nueva normalidad que ya está aquí. La ciudadanía y el espacio público está cambiando. ¿Cómo construimos (juntos) sociedades más justas, más equitativas, mayormente cohesionadas hoy?

Si de algo estoy segura es que nadie quiere lo malo para su colonia, para su ciudad, para su país. El reto está en cómo le hacemos para abrir conversaciones y negociar lo que todas y todos queremos. Esto solo lo conseguiremos cuando adquiramos las suficientes competencias ciudadanas. Esto solo ocurrirá cuando empecemos a invertir en la educación cívica de nuestras niñas, niños y adolescentes. Ellas y ellos serán quienes construirán estas sociedades que tanto anhelamos. Más #Ciudadanitos, por favor.