No es el primero en ser señalado, ni será el último. La gran diferencia en el escándalo que envuelve a Gustavo Matosas es que se hizo en televisión nacional, en el noticiario más emblemático del poderío y, la realidad, sin razón ni coyuntura. Matosas debe hablar, señalar a más involucrados en estos casos.

Su representante, con quien habla en esa conversación dada a conocer en el noticiario de Denise Maerker, es Fernando Pavón, quien tiene un vínculo estrecho con la directiva potosina: una especie de asesor, aunque hay equipos que lo consideran persona non grata, como Atlas, América, León, Pachuca, curiosamente grupos por los que pasó Matosas como entrenador.

En 2017, el exfutbolista Horacio Sánchez señaló a Sergio Egea por cobrar dinero a sus futbolistas para alinearlos. Egea, mano derecha de Hugo Sánchez durante mucho tiempo, siguió sin problemas su carrera deportiva; incluso, dirigiendo a los Pumas, institución que permitió —según Horacio Sánchez— tales actos de corrupción.

Otro caso. El uruguayo Walter Gargano habló sobre Antonio Mohamed: “No valora y no trata al jugador como se merece. En México, algunos entrenadores ofician de representantes y se quedan con la torta, pero en mi caso no acepto y eso le molestó. Trató de negociar de otra manera con el club y dijo: ‘Si Gargano sigue aquí, no lo voy a utilizar’. No me gusta que me toquen mi dinero”, añadió el exjugador de Rayados. ¿Qué pasó? Nada. Mohamed regresó con bombo y platillo al equipo hace unas semanas.

Matosas debe hablar, explicar sus motivos y señalar a quien —sepa— actúa de la misma forma.

Twitter: @gvlo2008