Evento. Mauricio Macri y su equipo frente a la sede del Gobierno en Tucumán. / Foto: Especial
Durante el Bicentenario de Argentina, el Presidente reclama paciencia porque le dejaron ‘un país quebrado’
"Quiero pedir a todos los argentinos que creamos en nosotros mismos, que nos tengamos fe. No tengamos miedo, no escuchemos a los que se han enfermado con el poder”
Mauricio Macri, presidente de Argentina

Argentina vive un ambiente de gran fervor patriótico al cumplirse 200 años de independencia de España, firmada un 9 de julio de 1816. 

“Viva la patria”, gritan los pasajeros del avión al aterrizar en Tucumán, el lugar donde se declaró, en el norte del país. Allí, con el rey Juan Carlos de Borbón a su lado, como gesto claro de que no quedan rencores tras esa traumática descolonización, Mauricio Macri, el presidente argentino, pidió más tiempo a sus ciudadanos. 

Admitió que la transición está siendo dura, pero les reclamó que confíen en que Argentina puede volver a ser lo que fue hace 100 años, una gran potencia mundial, la cuarta del planeta. Macri conserva aún mucho apoyo popular y la oposición está hundida por los escándalos de corrupción, pero los argentinos están sufriendo la inflación y el aumento desorbitado de hasta el 1000% de la energía. 

El presidente les pide confianza y sacrificio mientras carga contra el anterior Gobierno, el de Cristina Fernández de Kirchner, porque le dejó “un país quebrado”. 

Argentina vive un momento político y social de enorme expectación porque está probando un experimento: un Gobierno que no es ni radical ni peronista por primera vez en su historia democrática. Pero a la vez hay una profunda división. Macri logró que acudieran a la celebración casi todos los gobernadores provinciales, pero faltó Alicia Kirchner, de Santa Cruz, hermana del expresidente Néstor. La expresidenta Fernández de Kirchner ni siquiera fue invitada. El kirchnerismo, cada vez más debilitado, mantiene viva la llama de la oposición a Macri.

El presidente sueña con aprovechar esta ola del bicentenario para cambiar Argentina por completo, incluso con una revolución cultural: acabar con algo tan instalado como la llamada “viveza criolla”, esto es el intento siempre por ser el más rápido, el más listo, el que encuentra la manera de sacar una ventaja, un truco que le permita ganarle a todos. 

“Pido que la verdad gobierne en todos nosotros. Tenemos que alejarnos de la viveza criolla mal entendida, acabar con eso de que le va a mejor al vivo, al que engaña, al que saca ventaja”. Y recuperar la imagen del país también en el exterior. “Tenemos que demostrar que tenemos palabra y compromiso. Recuperar la cultura del trabajo, del esfuerzo. Creció el absentismo y las jornadas horarias reducidas. No está bien”, clamó. 

Macri cerró su discurso con dos gritos: “¡Viva la patria!, ¡Viva el amor!”. Pero la realidad económica sigue siendo muy dura y desde que él llegó ha empeorado, con más pobres y más dificultades por la inflación y la crisis económica. 

Para mayor contraste entre las palabras y la realidad, antes de llegar al elegante centro de San Miguel de Tucumán, donde está la casa en la que se firmó la independencia, Macri pasó al lado de una enorme villa miseria, La Costanera. En cada esquina decenas de policías protegían su paso para evitar escraches.