Dicen que la historia reconstruye, el olvido destruye y la memoria conserva.

Lo cierto es que la historia es una representación del pasado y es siempre incompleta. El olvido son silencios que pueden utilizarse como mecanismos de manipulación para construir o destruir la memoria colectiva. La memoria no siempre  es actual y representa un vínculo vivido con el presente, que acepta los detalles a conveniencia. Esto se ha  convertido en una extraña obsesión en nuestra cultura. Tal vez el miedo a olvidar es lo que nos hace voltear al pasado; de ahí que queramos preservar los muebles antiguos de la abuelita, los objetos retro, series y novelas históricas, artefactos culturales, tiendas de antigüedades, escrituras autobiográficas, conmemoraciones, monumentos  y museos, pues solo en ellos se vindican el tiempo y la memoria.

Pero vale la pena preguntarnos si nuestros lugares de memoria son espacios de recepción y transmisión de la historia o si tienen como fin un deseo de culto personal. Pongo de ejemplo el Museo del Palacio, ubicado en Saltillo, “la ciudad de los museos”, por su amplia oferta de los mismos. En la entrada de este recinto cultural se encuentra la placa del día de su inauguración que dice lo siguiente: 

En este museo se preserva la grandeza de la historia de Coahuila, se difunden los grandes acontecimientos nacionales surgidos de este Palacio y se honran la memoria y el legado de los Gobernadores que han forjado nuestro Estado. Patrimonio al servicio de la gente y de sus visitantes.

Saltillo,Coahuila, a 24 de Julio del 2009.
Profr. Humberto Moreira Valdés 
Gobernador Costitucional del Estado

En verdad se trata de un museo rabón, de relleno y resulta aburrido para chicos y grandes ya que las más de 20  pantallas interactivas estaban apagadas, faltan guías museográficas con textos claros. Se requiere con urgencia de un historiador que aporte rigor y orden. 

Pero lo peor es llegar a la última sección en busca del legado de nuestros gobernadores recientes. Se trata de dos vitrinas con artículos personales, entre los que destacan el cinto piteado, sombreros, lentes. De verdad que da pena ajena que pueda existir una vitrina para honrar el legado del Moreirato con objetos como chaquetas, dos fotografías, unas tarjetas de presentación, corbatas, cachucha, pelota de béisbol que seguramente dejan en garantía -en tono de burla- por los miles de millones de pesos erogados oscuramente del erario durante su gestión. Parece increíble que por ello no pueda existir al menos una carpeta de investigación, pero esto lo sabemos las generaciones actuales; lo triste será que por los silencios de la historia presente, en unas generaciones más, estos señores resulten héroes. 

En definitiva, hay museos que abren los ojos, pero este en particular es justamente lo contrario: se los pica a los visitantes, llevándolo superficialmente a través del tiempo, de manera que no olvide una memoria pobre inventada con unas cuantas chaquetas y cintos piteados.

Me trajo a la mente los personajes de Los Supermachos de Rius.
 
Los ciudadanos contamos con más y mejores medios para demandar y exigir respuestas inteligentes por parte de las instituciones culturales del Estado, que tienen la obligación de responder a nuestras inquietudes sobre la conservación y difusión de la memoria colectiva de un pueblo.