El año pasado se llevó a cabo la segunda subasta de arte del Museo del Desierto en el marco de su aniversario. La primera, reportamos en VANGUARDIA el 20 de diciembre del 2017, contó con altibajos pero en general, y de acuerdo con sus organizadores, fue una buena experiencia para compradores y artistas por igual y si bien en 2018 el MUDE logró buenos ingresos lo hizo principalmente a través de las piezas de arte wixárika que se fueron en más de 25 mil pesos cada una, pues las obras de artistas como Alberto Castro Leñero, Gabriel Macotela e Irma Palacios, quienes están valuados en galerías mexicanas en precios similares o superiores no consiguieron más de 10 mil en las pujas, con algunos ni siquiera por encima de los 6 mil.

Es difícil evaluar qué factores estuvieron involucrados para que esto sucediera así. El principal factor pudo ser la estrategia de la casa de subastas encargada del evento, Gimau, de sacar las piezas en un peso para incentivar las pujas y a esto se sumó el desinterés y desconocimiento de los asistentes del verdadero valor —monetario y artístico— de las obras participantes, lo que corroboré a través de un sondeo rápido esa misma noche entre algunos de los presentes.

El público saltillense no conoce de arte y en muchas ocasiones el que sí conoce no tiene el poder adquisitivo para comprar obra. Son contados los coleccionistas locales y son muy pocas las estrategias de las galerías existentes para incentivar el comercio en la ciudad y ahora, en diciembre, se verá la competencia de tres plataformas de venta de arte al mismo tiempo.

El día de ayer, precisamente en el MUDE, se inauguró la exhibición de los artistas con los que Tulaa, una app de e-commerce —al estilo de MercadoLibre— para venta de arte, fue lanzada. El servicio busca tener una cobertura nacional y permitir una interacción entre artista y cliente cercana y accesible.

Al momento de escribir este texto no he tenido la oportunidad de ver las obras expuestas, pero guiándome por los nombres anunciados, su catálogo se presenta rico en propuestas de gran calidad, y variadas. Además, compuesto principalmente por artistas coahuilenses y algunos nombres con presencia en todo el país.

Por espacio de un mes estas obras serán la insignia del servicio de mercado digital, pero tan solo dos semanas después llegará OCRA Arte Contemporáneo, una exhibición y venta de arte contemporáneo a cargo de Omar Campos y Rosy Ayala, con sede en el Museo de la Revolución.

Su oferta es, también basados solo en los nombres, igual de interesante, aunque por lo visto mucho más nacional, con autores de gran trayectoria, premiados y celebrados.

Ya con este son dos las ofertas para compra de arte que estarán en la ciudad durante el mes y a ellos se sumará el bazar de arte de la Escuela de Artes Plásticas de la UAdeC, que en este año cambió su nombre e imagen por Feria de Arte Centro, que del 6 al 8 de diciembre presentará el trabajo de alumnos, maestros y exalumnos de la institución.

Este último siempre ha sido un caso muy particular, pues su organización ha quedado en cada ocasión a cargo de los alumnos de último grado, pues se trata de un ejercicio hecho precisamente para foguearlos en el mercado del arte, no obstante este año la dirección parece haber tomado mayor partido y aunque de los tres es el que más trayectoria tiene —cerca de diez años— el cambio de imagen y la idea de presentarlo como algo más profesional podría ahuyentar al público que ya tenía, uno afianzado por la idea de que en él se encuentran propuestas nuevas, variadas y, sobre todo, económicas.

La cuestión del precio bajo es algo que las tres plataformas manejan, cada una a su manera pero en una ciudad que prefirió comprar cráneos decorados con chaquiras wixárikas por su valor decorativo —sin ánimo de demeritar el trabajo artesanal— tendremos que estar atentos de cómo se comportará el público ante tanta oferta.

Porque podría parecer positivo que sean muchos los emprendedores animados en apoyar y estimular el arte mexicano, aunque sea a nivel local, pero la competencia en un mercado incipiente como el saltillense podría no resultar tan favorable para todos.

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