“L’Etat c’est moi”.

 Luís XIV

Por décadas se fueron amasando el hastío y el abatimiento de millones de mexicanos víctimas de un sistema que no castiga a los sinvergüenzas que desde un cargo público han envilecido la política y todo cuanto a ella esté vinculado. La gente está asqueada y desencantada, dolida, y razones le sobran para así sentirse. Asimismo, han institucionalizado a través de los programas de “asistencia social” la holgazanería y la dependencia ad perpetuam, muy ad hoc para permanecer en el poder hasta la consumación de los siglos, amén de una red de complicidades externas con jugosas ganancias para ambas bandas; porque son bandas, no bandos. Hay dos razones sustantivas que explican esta infausta realidad: el podrido sistema de impartición de justicia y la ausencia de ética en el servicio público; con tan “finísimos” ingredientes se ha legitimado la tolerancia al enriquecimiento inexplicable de toda una caterva de vividores y pillastres, haciendo de esta práctica perversa algo ordinariamente aceptado. Con esto han vuelto miserable la existencia de millones de mexicanos que si han trabajado honradamente cada día de su vida, pagado impuestos religiosamente y son respetuosos del orden constitucional establecido. La corrupción está en todos los niveles de gobierno e incrustada en los dentros de la sociedad.

México está severamente fracturado, estamos en la antesala de una guerra civil… ¿Qué no?... La gente mayor –de la tercera y la cuarta edad– ha quedado reducida a categoría de incordio, entre ellos muchos pensionados, como los maestros de la escuela pública coahuilense. Con la mano en la cintura los han mandado al carajo sus ínclitos lideretes sindicales, que ahí es donde debieran ponerle las peras a veinticuatro a las autoridades que dispusieron de sus recursos, dejándolos sin servicio médico –sin medicinas, sin consultas y sin gastos de hospitalización– precisamente en un momento de sus vidas en que esto se vuelve indispensable y por lo que ya pagaron. Han envilecido a los jóvenes con el despropósito del alcohol y las drogas que se venden como si fueran chicles y las compran de todos los niveles socioeconómicos, y ahora van a “regular” el consumo de mariguana… que a toda ídem… ¿Con eso les van a dar en la maceta al negociazo de los narcos en contubernio –muchas veces–  con los decentísimos funcionarios amafiados? Me río y me carcajeo…

De todo esto y más abominaron los electores el pasado 1 de julio y sufragaron a favor de un proyecto diferente, el que les vendió Andrés Manuel López Obrador. La perversidad empieza por la incongruencia y sella con la auto justificación. Se ostentó como el salvador, como el mesías, como el caudillo inmaculado que borraría la corrupción del mapa de México. Y ahora sale con que perdón para los corruptos, que cero venganzas y a darle la vuelta a la página. No ha tomado posesión y ya está reculando. El llevado y traído asunto del fiscal anticorrupción… ¿Cómo que él lo va a escoger de un listado de 10 que le envíe su mayoría desde el Senado? Y también lo va a poder remover por “causas graves”. Esa película ya me la sé... ¿Cuál autonomía va a tener? Le va deber el cargo. Puro deleznable presidencialismo. Y es que nadie niega la cruz de su parroquia, como decía mi madre; López Obrador es fiel a sus orígenes, al partido del que proviene, donde le dieron cátedra de todoooo… lo que sabe, al creador del sistema que él, hoy, viene a fortalecer ¿Por qué tendría que ser diferente?

Olvídese de que habrá sanciones, verbi gratia,  para los infelices que orquestaron y ejecutaron la estafa maestra –128 compañías fantasmas y un fraude de 192 millones de dólares–, cero castigo para los ocho gobernadores ladrones del sexenio de EPN, mutis para la casa que la primera dama compró con sus “ahorritos”, y toda la pus que vaya saliendo. Amigos, político o política que salga rico del cargo, es ladrón, que no le quepa ninguna duda. Los sueldos por mejores que sean, no dan para vivir como potentado, las raterías sí. Ejemplos hay al por mayor en México y por supuesto en Coahuila. Vea las fortunas de muchos que entraron con una mano atrás y otra adelante. Estamos ante el desplome de la credibilidad y AMLO abona con creces a ello, tiene el “don” de decir una cosa por la mañana y otra diferente por la tarde sobre el mismo asunto, según con quien se siente. Por otro lado, ¿cómo creerle a un hombre que ha “limpiado” el pasado turbio de individuos como Napoleón Gómez Urrutia y Elba Esther Gordillo, nomás por el poder que él mismo se confiere? ¿Cómo una señora, como la exministra Olga Sánchez Cordero, beneficiaria directa el régimen que según viene a cambiar López Obrador, va a hacer cosas distintas? Como por ejemplo la erradicación del nepotismo. Y viene la factoría de un sindicalismo alterno y la entronización de sus delegados plenipotenciarios en las 32 entidades federativas y el reparto de dinero a los viejitos y a los muchachos… ¿Ese es el cambio?

Las dictaduras se construyen así, con leyes hechas a modo y populismo a raudales. México va hacia allá, por la tercera, de la mano de un mesías vitoreado por una multitud que no tiene nada que perder porque nunca el sistema le ha permitido tener nada, por la ira de quienes dijeron que estaban hartos del PRI y del PAN, por la complicidad de los que nunca pierden y por la indiferencia de quienes se comportan como extranjeros en su propia tierra.  En otros países se castiga a los corruptos, López Obrador ya perdonó a los de aquí, y sin tener facultades para ello… Nomás pondere el tamaño de la tragedia.