Las energías fósiles están dañando al planeta y constituyen quizá la mayor amenaza al bienestar humano en el futuro. De hecho, la comunidad científica internacional ha sido casi unánime en señalar que el calentamiento global es un fenómeno comprobable y que de subir en los siguientes años un par de grados la temperatura promedio del planeta, ello afectaría la vida de millones de personas con hambrunas, sequías, inundaciones, huracanes, incendios y otros desastres naturales.

Para enfrentar este riesgo los países deben realizar esfuerzos importantes en la reducción de sus emisiones, migrar en masa a las energías renovables e invertir en tecnología no contaminante. Por ello, resulta absurda e irresponsable la posición de México, en donde no sólo se apuesta de manera clara por los combustibles fósiles como el petróleo, el gas o el carbón mineral, con nueva infraestructura para su explotación, sino que al mismo tiempo se cierra la puerta a las energías renovables.

México podrá ignorar el problema, aunque como sostiene David Wallace Wells, en el futuro enfrentará consecuencias devastadoras, de hecho, existen datos suficientes para saber que los países en vías de desarrollo y los que se encuentran más cercanos a los trópicos, vivirán con mayor dureza los efectos del calentamiento global, por ende, deberíamos ser los más interesados en contribuir a la solución del mismo.

Se podrá pensar que la decisión de México puede no tener sentido en el plano ecológico, pero si en el plano económico, ya que un porcentaje de nuestra economía depende del petróleo y en zonas como Coahuila del carbón mineral, sin embargo, también son mercados que están destinados al fracaso, por varias razones, la primera es que la producción de energías limpias es cada vez más barata y por tanto crecerá en el futuro; segundo muchos de los combustibles fósiles se quedarán sin mercado, por ejemplo para 2035 la producción de autos eléctricos será muy similar a la de autos de gasolina y tercero la conciencia de los consumidores está cambiando y los mismos migrarán cada vez más hacia las opciones amigables con la naturaleza.

Lamentablemente lo que hace México es apostar por el bienestar presente, a costa de hipotecar el bienestar futuro, ya que la contaminación afectara a las generaciones futuras en mayor medida, trasladando el costo de las acciones de esta generación; también los condena a incorporarse de forma tardía al uso masivo de energías limpias, lo que implicará la necesidad de cerrar la brecha en desventaja frente a otros países, al tiempo que vemos como queda obsoleta la infraestructura que desarrollamos con tanto sacrificio para la explotación del petróleo. De hecho, para cuando Dos Bocas opere a su máxima capacidad, es probable que el mercado del petróleo se haya derrumbado a nivel global.

En conclusión, al apostar por las energías fósiles y cerrar la puerta a las energías limpias, México está poniendo piedras en su desarrollo futuro, sin que quede claro el beneficio en el corto o mediano plazo.

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