Especial

México es un País único, con una variedad preciosa de climas y de paisajes, su suelo y sus costas son pródigas; es tan vasta su riqueza que –no obstante al saqueo del que fuimos objeto durante la época del coloniaje español, después el de los criollos convertidos en terratenientes, luego el de los generalotes y más tarde el de los políticos sin patria ni matria que permanece vigente– no se la han podido acabar. La gran tragedia es que la repartición de esa fortuna, como siempre se ha dado entre unos cuantos, no ha ni salpicado a millones de mexicanos que han vivido como parias durante generaciones y que para mayor desgracia, aun viendo las raterías de las que son objeto, no dicen ni pío y se siguen conformando con las migajas que reparten quienes tienen el poder, nomás para mantenerlos en el corral del subdesarrollo.

Hay pueblos y regiones del sur, por ejemplo, que pese a la exuberancia de la riqueza natural que poseen, son los más pobres del País, viven de las partidas federales, carecen de todo lo que hace digna la vida de un ser humano atendiendo a su condición de tal. Son los que tienen mayores tasas de nacimiento, mortalidad y desempleo. Pero esta realidad no es exclusiva de esa región de nuestro País. Pobreza la hay en todas partes, sólo que en algunas es más visible e insultante. Tuve la oportunidad hace unos años de ser delegada federal de la Procuraduría Agraria en el estado de San Luís Potosí, y recorrí su territorio, me estremecía contrastar la magnificencia de la naturaleza en su Huasteca –en la que si usted echa a la tierra una semilla, ésta brota, crece sin mayor dificultad dada la fertilidad de su suelo– con la pobreza en la que discurría la vida de las comunidades indígenas que ahí habitan. Dueños de esas tierras ¿y qué?

Y no es mejor el norte, también sabe de esos dolores. Dese una vuelta por las zonas ejidales, uno de los mayores fraudes del populismo vergonzante del sistema político de México. Somos un País en el que la simulación es parte de la cultura gatopardesca sobre la que escribió Lampedusa para Italia, pero muy aplicable en nuestro México. Les repartieron tierra a los campesinos y les dieron recursos a fondo perdido para trabajarla, pero no les dieron ni capacitación ni seguimiento, porque lo único que les representaron a los gobiernos postrevolucionarios, y a los que le siguieron, fueron votos para asegurar su estancia hegemónica de 70 años; su desarrollo les valió un cacahuate, nunca estuvo en su lista de prioridades y es que un individuo con estudios se convierte en un incordio para el gobierno. Hoy el ejido del que tanto se pavoneó Lázaro Cárdenas, no representa ni prosperidad ni abundancia, sino un fracaso más del sistema. En esos sitios sólo viven mujeres, viejos y niños. Los jóvenes se van. Y no es mejor lo que la cuarta transformación les está ofreciendo, es más de lo mismo… sólo hubo cambio de tlatoani.

En mi patria respiran especies altamente destructivas, dañinas, como el narcotráfico, en el que se trafica con sustancias que envilecen al ser humano, que genera fortunas amasadas con sangre y que hacen añicos los valores sociales, y lleva a los hombres de los que se sirve a cometer actos abominables contra los de su misma especie. Y hoy la política establecida desde la Presidencia de la República es tratarlos con “abrazos”… Y el consumo de drogas va al alza… ¿y qué? Las víctimas se multiplican, los niños y los jóvenes están en el listado de los más vulnerables… ¿Y qué? Y va que vuela la legalización de la mariguana para que se consuma como si fueran chicles o refrescos. Igual que la legalización del aborto como método anticonceptivo. Así estaremos a la vanguardia de la modernidad…

En nuestro País también se “institucionaliza” la desaparición de personas, los asesinatos… Es toda una “industria” para la delincuencia organizada y solapada por el gobierno. La respuesta de la autoridad: abrazos. Pero hay otra especie que resulta mucho más dañina que las anteriormente mencionadas porque, dada su posición, el alcance que tienen para dañar se quintuplica. Esta plaga está camuflageada en la institucionalidad, pasan como individuos –hombres y mujeres– honorables, es la clase política, es la clase dirigente del País, es la que tiene a su cargo la administración de justicia, la prestación de servicios públicos a tres niveles, la que hace las leyes, los amos de la economía, la que decide el rumbo de México. Tiene décadas actuando de esta manera, pero hoy es más descarada y cínica, hace todo género de porquerías a plena luz del día. Son los que besan niños y ancianos durante las campañas electorales, los que mienten por principio, los que prometen la “salvación” del País, pero no tienen empacho alguno en dejar sin medicinas a personas con padecimientos tan mortíferos como el cáncer, a “regalar” 60 curules en el Congreso de la Unión a lo más nefasto del magisterio a cambio de votos y de la aprobación de leyes a modo de sus intereses, a imponer sinvergüenzas y vividores en altos puestos de su gobierno o en la Cámara de Senadores, entre otras “lindezas”. Estamos ante el desmantelamiento más agresivo y por ende más irracional del País.

¿Y qué estamos haciendo para impedirlo?... Los demonios andan sueltos, la inseguridad es escalofriante y la economía va en picada… Después ya no habrá nada qué hacer, menos llorar. Será absolutamente inútil.

Esther Quintana Salinas

Columna: Dómina

Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.