Hoy dejo constancia de mis motivos para buscar la secretaría técnica y declinar ahora, a favor de consolidar esa institución en construcción: el Sistema Estatal Anticorrupción. 

Jorge Luis Borges escribe en “El Golem”, uno de sus poemas culmen: “Los artificios y el candor del hombre no tienen fin”.

Mi candidatura a la secretaría técnica del Sistema Estatal Anticorrupción de Coahuila (SEAC) ha estado rodeada de artificios, entre los cuales, rescato el único legítimo, por ir más allá de la simulación, que emerge desde algunas cámaras empresariales y organizaciones de la sociedad civil: la urgente mejora de los mecanismos de selección de los integrantes del Sistema Estatal Anticorrupción en Coahuila y en el país.

Sin embargo, reconozco y valoro como persona pública, el mayor escrutinio ciudadano a mi candidatura. Sin ese ejercicio, más allá de sus excesos, es imposible mejorar nuestras instituciones y las capacidades de sus responsables.

Mi candor, que tampoco tiene límite, pero que está basado en mis convicciones éticas enseñadas por mis padres, me obliga hoy a desistir a mi candidatura a la secretaría técnica del SEAC, por una razón: no puedo permitir que esos artificios y simulaciones en torno a mi candidatura desgasten aún más, un sistema con una incipiente institucionalización y desligado de una apropiación ciudadana cotidiana, por parte de los coahuilenses. Un sistema de urgente cristalización en políticas públicas preventivas, fiscalizadoras y sancionadoras.

Mi interés personal legítimo debe quedar a un lado, por el interés público que consiste en construir una institución que garantice una eficaz y eficiente lucha contra la corrupción, más allá de cuestionamientos infundados en mi contra.

Desisto, a pesar de cumplir a cabalidad con los criterios establecidos por la ley y la convocatoria publicada por el Consejo de Participación Ciudadana del SEAC: no tengo impedimento legal o constitucional alguno; poseo las credenciales técnicas y ciudadanas y he vivido una ética irreprochable a lo largo de mi vida.

Tampoco tengo conflicto de interés. Fui integrante -honorífico- de la Comisión de Selección del SEA. Un voto entre nueve del Órgano Colegiado. En mi primer año me abstuve de votar por tres de los cinco consejeros actuales. Porque en ese momento, a mi parecer, no poseían credenciales de vida ciudadana alguna. El segundo año, voté por Leonor Gómez Barreiro qué perdió. Sólo, en el tercer año, voté por Miguel Crespo Alvarado, el cual, de haber continuado yo en la competencia por la secretaría técnica, podría excluirse de votar por mí. De esta manera, mi nominación hubiera estado en manos de cuatro consejeros que no elegí.

Agradezco de manera entrañable las muchísimas muestras de apoyo de personas y organizaciones de la sociedad civil a mi candidatura. Ustedes fueron mi mayor triunfo y los llevo en mi corazón. Por ustedes y sólo por ustedes, este proceso valió la pena al final.

Dejo dos propuestas: una; que la persona que ocupe la secretaría técnica impulse las reformas legales pertinentes para establecer el Decálogo para Designaciones Públicas con el objeto de perfeccionar los mecanismos de selección del Sistema Estatal Anticorrupción; y dos; que los integrantes del Consejo de Participación Actual seleccionen -como seguramente así será- una terna finalista para la secretaría técnica, con tres perfiles que cumplan la convocatoria a cabalidad sin tener conflicto de interés alguno.

En ese sentido, espero una vigilancia estricta de los proponentes del Decálogo para asegurar que ambas propuestas se cumplan.

Con esta renuncia a favor del Sistema Estatal Anticorrupción, dejo constancia de mi buena fe, mi honorabilidad y mi compromiso con Coahuila. Por ello, continuaré mi actividad de vida ciudadana con una certeza: el Sistema Estatal Anticorrupción se fortalecerá con mi declinación y con la elección de una Secretaría Técnica legítima, confiable y sin cuestionamiento alguno.