La COVID-19 ofrece a los padres y a los adolescentes una cantidad limitada de opciones insatisfactorias, pero las soluciones parciales pueden ser mejores que no tener solución alguna/Ilustración: Jordan Awan/The New York Times
Esta columna no es una asesoría médica ni remplaza las recomendaciones, los diagnósticos o los tratamientos profesionales relacionados con la salud mental.

Lisa Damour

Pregunta: Mi hija de 14 años (quien sabe que yo reviso su teléfono) fue con una amiga a lo que supuestamente era un paseo a pie en el que debían mantener un distanciamiento social. Después encontré una versión de TikTok de su intento de baile a una “distancia social”, lo que terminó con un montón de risitas y empujones de una contra otra. Estoy decepcionada y preguntándome qué debo hacer cuando me pida permiso para volver a ver a sus amigas.

Respuesta: Independientemente de que le digas o no a tu hija lo que descubriste en su teléfono, tienes una base útil para trabajar. Ahora sabes que quizás no es realista esperar que los adolescentes sin supervisión se mantengan a una distancia mínima de dos metros de sus compañeros.

Huelga decir que las pautas actuales de distanciamiento social ponen a los padres y a los adolescentes en una situación terrible. Los adolescentes quieren ver a sus amigos y los padres, con toda la razón, quieren concederles ese deseo. Además, para los adolescentes, gran parte de lo divertido de estar con sus compañeros es no estar al mismo tiempo con los adultos. Así que es muy fácil entender por qué los padres pueden permitir que un adolescente —en especial si es sensato y responsable— pase tiempo solo con sus amigos con la condición de que mantenga la distancia física que tanto recomiendan los expertos.

No obstante, existen dos factores por los que dejar que los adolescentes salgan solos puede ser una propuesta arriesgada: la necesidad del ser humano de tener contacto físico y lo que se conoce como cognición caliente.

Comencemos con la necesidad biológica básica de contacto, la cual ayuda al estado de ánimo y reduce la tensión. Si observamos a los adolescentes en condiciones normales, vemos que satisfacen esta necesidad al acurrucarse, jalonearse y, literalmente, abalanzarse unos sobre otros con muestras de amor platónico. En las condiciones actuales, agotadoras a nivel emocional, tal vez algunos adolescentes aceptan los abrazos de sus padres, acurrucarse con sus mascotas o jalonearse con sus hermanos. Pero muchos adolescentes están ávidos de contacto físico (tal vez más de lo que son conscientes) o, sea como sea, dispuestos a convivir con sus padres.

Un adolescente que promete evitar la cercanía física a cambio de una oportunidad de estar con sus amigos a los que extraña mucho, tal vez haga esa promesa sinceramente. Pero debemos tener en consideración que los adolescentes pueden ser propensos a decir —y decirlo honestamente— una cosa cuando hablan con los adultos y a hacer algo completamente distinto cuando están con sus compañeros.

La culpable es la cognición caliente. Hay estudios que han demostrado que el buen juicio de los adolescentes puede depender de si están analizando una situación social a la distancia o si de hecho están inmersos en ella. Cuando los adolescentes están pensando en una situación, pero no en la emoción del momento —lo que los psicólogos llaman cognición fría— tienden a razonar como adultos. Pero cuando están con sus amigos en busca de aceptación social —la llamada cognición caliente— su buen juicio puede ser superado con facilidad por la necesidad de ir con la corriente social, aunque esa corriente implique comportamientos que saben que son problemáticos.

Con base en esto, la próxima vez que tu hija te pida permiso para ver a sus amigas, podrías decirle: “Lo he pensado y creo que no es lógico esperar que estés a dos metros de distancia de tus amigas, en especial si las extrañas tanto”. También podrías hacerle saber que, a pesar de que planee respetar las pautas de distanciamiento social, no te sientes a gusto por ponerla en la situación probable de tener que rechazar un abrazo entusiasta y espontáneo de una buena amiga.

No esperes que esta conversación sea agradable, sobre todo si decides decirle que ya sabes que ha roto las reglas. Por desgracia, las condiciones de la COVID-19 les ofrecen a los padres y a los adolescentes una cantidad limitada de opciones insatisfactorias, pero las soluciones parciales pueden ser mejores que no tener solución alguna.

Por ejemplo, si las restricciones locales y los factores de salud de tu casa lo permiten, podrías ver si ella quiere invitar a sus amigas a una “reunión a dos metros de distancia” al aire libre en tu casa o llevarlas a algún sitio público. Tendrán que estar donde puedas verlas, incluso a la distancia o a través de una ventana, de tal modo que tu hija pueda portarse bien porque estás ahí mientras disfruta de la compañía de sus amigas.

Además, tú decidirás si es bueno tocar el tema de su necesidad de contacto físico, o si es mejor no hablar de eso. De cualquier manera, considera abrazarla más, acariciar su espalda de modo casual cuando pasas cerca del lugar donde estudia o probar algo más para un tener contacto físico que se adapte al contexto de la relación que tienen, tal vez con el pretexto de hacer cosas como peinarse o arreglarse las uñas.

Más allá de llegar a acuerdos prácticos, aunque frustrantes, podemos brindar empatía. Por lo general, esto significa más de lo que creemos. Podrías decirle: “Sé que no es lo que quieres y no sabes cómo me gustaría que fuera diferente. Haremos lo mejor que podamos con las opciones que tenemos, pero entiendo que en verdad esto no te agrade”.

Prepárate para que tu hija insista (tal vez de manera puntual) en que a algunas de sus compañeras les permiten socializar con sus amigas y salir con sus parejas sin supervisión. Podrías responder a esto que siempre se da el caso de que cada familia tenga reglas diferentes y que, de hecho, vas a reconsiderar tus decisiones cuando cambien las pautas de salud pública en tu localidad.

Puesto que, al parecer, estaremos confinados por un buen tiempo por la COVID-19, los padres debemos acostumbrarnos a idear soluciones creativas cuando sea posible, a ofrecer mucho apoyo y a ser compasivos con respecto a las penosas situaciones que están fuera de nuestro control. No es todo lo que quisiéramos ofrecer, pero tal vez sea suficiente para superarlo.

La COVID-19 ofrece a los padres y a los adolescentes una cantidad limitada de opciones insatisfactorias, pero las soluciones parciales pueden ser mejores que no tener solución alguna.

c.2020 The New York Times Company