Debemos enfrentar el reto de la educación de los hijos de manera prioritaria dentro del ámbito de la familia

Si mi madre me ha formado la conciencia con su dulzura, quizá mi padre me ha acostumbrado a no aceptar nunca nada que fuera mediocre, mezquino, ambiguo. A sus ojos, en materia religiosa y moral, no había alguna alternativa, solo contaba lo excelente, ya fuera cuestión de obediencia, respeto al prójimo, disciplina familiar o dominio de si mismo o de estudio, y esto, aunque me haya hecho sufrir, debe ponerse a su favor. El enseñarme a elegir la mejor decisión. Es esa voz en mi conciencia. Padres: Ustedes son los responsables de la educación de sus hijos.” Los problemas de nuestros hijos, niños o adolescentes, no tienen que ver con un problema de educación del medio ambiente, sino con un problema interior, dentro del seno familiar. Es difícil de admitir, de reconocer si algo hay. Pero ¿Qué esta pasando en nuestra familia, en dónde radica el problema, que sobra o hace falta?

El Padre Pedro Castañera Ribé LC, en su conferencia “Mi Hijo soy yo”, nos habla de manera franca y nos invita a los padres a mirarnos. Y es que es verdad que cómo el dice, el ambiente exterior es agresivo, pero resolviendo la parte interna, la parte familiar, lo de adentro, lo demás se arregla solo. La familia es el núcleo privilegiado que tiene en sus manos todos los elementos necesarios para dar a los hijos una educación segura. Los padres somos los primeros responsables, y en ocasiones les damos poca importancia a las cosas. El problema está en casa, no prestamos atención a la conciencia. No se fija la atención en el fondo del alma de las personas. Vivimos en un ambiente de vanidad, de pose, de materialismo. Si los padres proporcionamos a nuestros hijos las raíces profundas y la estructura sólida que deben darle, entonces las agresiones del medio no los harán caer.

¿Mi hijo soy yo? Así es. Ya que los hijos llevan más que los rasgos físicos, carácter o actitudes, no solamente desde lo genético, sino por lo que van asimilando. Los niños de forma natural, espontánea, silenciosa y continua, van bebiendo del corazón de sus padres lo que han de ser. Los niños respiran gestos, reacciones, reflexiones, risas, llantos… una respiración pura o contaminada que los llena o los conflictúa. Nosotros somos los constructores de nuestros hijos. Ellos han ido empapándose de una manera de ser, de pensar, de reaccionar, con un modelo aprendido. ¿Y cuál es la problemática además del ambiente? Que los padres no estamos cercanos a trabajar esa tendencia negativa en ellos. El padre lo dice de forma muy clara, el problema no es que nuestros hijos caigan en la impureza, el problema es que tengan un corazón impuro. Y ese corazón lo formamos sus padres. No es ninguna dificultad que el niño mienta, sino que haya hecho de la mentira un hábito, y fueron sus padres los que formaron esa conciencia, que dejó que el mal de la mentira se asentara en su interior.

Castañera nos comparte estos principios fundamentales para poner en el centro de la vida familiar.

•Buscar la verdad y vivir en la verdad. Sinceridad, autenticidad, coherencia, transparencia, lucha. Nada encuentra quien traiciona cada paso su conciencia. Encuentra vacío y desencanto. Como formadores tenemos que fijar una meta. Ser padres y madres de una sola pieza, firmes.

•¿Qué principios en el hogar son firmes? ¿Cuáles son mi roca?

•El secreto es perseverar en el esfuerzo, en la educación de los hijos.

•Actuar fiel a la conciencia. Ambiente de búsqueda de la verdad. ¿Que esperan tus hijos de ti? Que seas ejemplo, que seas ejemplar, con tu forma de reaccionar, tu ecuanimidad, como reaccionas ante las adversidades. Los padres debemos convertirnos en ese espejo, para que ellos puedan mirarse para aprender, imitar y vivir. Ante nuestros hijos no hay apariencias, solo realidades. Debemos examinarnos constantemente, ser un alimento que los nutra. Examinándonos con la intención de pulir nuestra vida, de romper con lo negativo, y así estar en la presencia de nuestros hijos con ascendiente moral. Los padres debemos ser ejemplo en las palabras, reacciones y en la propia vida en general. De la abundancia del corazón habla la boca. Lo que escuchan de sus padres se queda como huellas indelebles; los desprecios y malos tratos van endureciendo el corazón de su hijo. Los hijos absorben los vacíos.

En el acontecer de cada día los padres denotamos quienes somos. Enfócate en:

•Educar la conciencia.

•Educar en la disciplina.

•Educar en el amor.

•Educar en la trascendencia.

Los hijos son lo más grande que tenemos los padres. ¿Yo estoy siendo un ejemplo de vida a seguir para mis hijos? ¿O soy la causa directa del desbarranque de mis hijos? Es urgente detenernos, dedicar tiempo a la reflexión o autoconocimiento. Lo que hagamos o dejemos de hacer marcará profundamente la vida de nuestros hijos.