Pues la historia es la siguiente; mi novio y yo llevamos un año y medio juntos, él terminó con su ex hace ya cuatro años o más.

Antes de ser novios fuimos amigos y desde ese entonces ya no andaban pero me contaba cuánto la extrañaba y que nunca iba a superarla.

Soy una persona muy metiche y la verdad me gusta saber con quien habla y así que un día agarré su computadora cuando llevábamos pocos meses y me fijé en su historial y tenía muchos links de que la buscaba, y veía sus fotos, me enojé mucho pero aun así más que enojo fue decepción. Pero no dije nada pues era mi culpa por andar de metiche. Me volvió a jurar que no iba a pasar de nuevo y que si lo hacía era por ocio y nada más. Le creí. Tiempo después un día agarreé su celular y ahora sí sin estar buscando nada, por error piqué la parte de abajo del iPhone que tiene una opción para guardar páginas que quieres leer después y ¿qué cree? Estaba ahí un tweet de ella. Esa vez fue la que más me enojé y de verdad ya no podía más, me pidió perdón me volvió a decir lo mismo. Lo amo demasiado entonces le dije que era la última vez.

Me siento mal, siento que a pesar de todo lo que hemos pasado él la sigue recordando. Si en más de un año a mi lado sigue pensando en ella supongo que no puedo hacer más. Me ha hablado y me jura que solo es ocio y nada más que no le interesa para nada. Pero yo no lo creo. Yo no busco a mi ex para nada, no entiendo por qué él sí lo hace. ¿Qué debo hacer? Estoy exagerando o debo seguir fiel a lo que dije la última vez sobre no tolerarlo más.

Novia enojada

Estimada Novia enojada:

Más que metiche lo que tienes es inseguridad. La suspicacia es un sentimiento benigno que nos alerta de una posible amenaza, un escozor interno que sentimos cuando algo nos acecha o se nos oculta con el fin de perjudicarnos. Si bien es un sentimiento protector, puede convertirse en un factor de sufrimiento personal y vincular, sobre todo en las relaciones afectivas. Sospechar del otro implica vislumbrar acciones “extrañas”, algunas basadas en datos reales y otras imaginadas, pero con idéntica repercusión emocional.

En los vínculos amorosos, la suspicacia alimenta los celos y un sinnúmero de conductas dañinas que llevan a que la persona afectada comience a buscar indicios o pruebas para confirmar su percepción. Y, en este punto, las redes sociales se convierten en aliadas de la sospecha. Si antes se revisaban los bolsillos de los trajes o el maletín, hoy se espera el momento de descuido para hacerlo con celulares y mails sin consentimiento del otro. Se busca algo “oculto” usando la misma táctica. Todas las elucubraciones detectivescas son posibles para encontrar la prueba de la deslealtad. Y de la comunicación ni hablar. Un hecho que podría resolverse expresando las dudas se convierte en una pesquisa que viola la intimidad, la privacidad del supuesto “infiel”. La persona que revisa queriendo saber que algo se le oculta, se convence que ésta es la mejor forma para descubrir al victimario. Y aunque la razón o la conciencia moral le recuerde que es incorrecto, lo hará sin culpa: “ojo por ojo, diente por diente”.

Las acciones que resultan de los celos afectan más la propia estima que el sentirte traicionada. Cada vez que se viola la intimidad del otro estás devaluando tu valoración personal. Si quieres tener un noviazgo sólido, habla con tu novio, tenle confianza y no vuelvas a revisar ni su celular ni su computadora.

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