Anoche mi colonia se llenó de lindas brujitas y pequeños monstruos. Por las calles alfombradas de otoño fueron casa por casa pidiendo golosinas para llenar con ellas sus gorros y sus calabazas.

Yo no padezco males de nacionalismo. Cuando se discute qué se debe escoger, el altar de muertos o el Halloween, digo como el Oaxaquita, entrañable músico de mi ciudad. La gente lo invitaba a pasar a su casa después de que el artista callejero había tocado en su violín “Las Mañanitas”. Le preguntaban: “¿Qué quiere, Oaxaquita: desayunar o almorzar?”. Y él respondía con humildad: “Las dos cositas”.

Podemos disfrutar tanto del Halloween como del altar de muertos. Una cosa no quita la otra, del mismo modo que el árbol de Navidad no impide que pongamos un nacimiento mexicano.

Ayer mi esposa y yo recibimos con alegría a las brujitas y a los fantasmitas. Hoy iremos a la Escuela “Profesor Eliseo Loera Salazar” a ver el altar de muertos que los maestros y alumnos del plantel pusieron en recuerdo del Profesor Jirafales, nuestro inolvidable primo Rubén.

Lo dicho: las dos cositas.

¡Hasta mañana!...