Me habría gustado conocer al padre Agustín Rivera y Sanromán.

Originario de Lagos de Moreno, Jalisco, fue hombre singular. Sacerdote, profesó siempre ideas liberales, y defendió vehementemente la reforma anticlerical hecha por Juárez.

Latinista, literato, educador, fue él quien pronunció ante don Porfirio Díaz el discurso de homenaje a los restos de los héroes de la Independencia, en 1910. Se alargó tanto el padre Rivera en su peroración que don Porfirio se vio en la necesidad de enviarle con cierto funcionario una tarjeta en la cual le ordenaba que terminara ya su intervención. Ese funcionario, si no recuerdo mal, fue Federico Gamboa, el autor de la novela “Santa”.

A lo que voy este día de la Candelaria es a decir que el padre Rivera inventó un nombre. Tenía una sirvienta llamada así, Candelaria, apelativo que a él le parecía demasiado común y popular. A fin de darle mayor elegancia se lo cambió por Narcedalia, nombre que hasta hoy se sigue usando.

Me habría gustado conocer al padre Agustín Rivera y Sanromán. No es poca cosa esa de inventar un nombre.

 

¡Hasta mañana!...