A este niño la palabra “Mesopotamia” le parece fea.

No le gusta pronunciarla. Encuentra en ella un son desagradable. Tampoco le gusta escribirla: es demasiado larga.

Cosa muy diferente le sucede con la palabra “Nínive”. Es esdrújula y lleva dos íes. La i es letra amable y suave. El niño piensa que la palabra “Nínive” tiene algo de infantil.

El pequeño reza al pie de su cama las oraciones de la noche y le pide a Diosito que en el examen le toque Nínive.

Cuando llega el día de la prueba el maestro le entrega la hoja. Dice: “Mesopotamia”.

El niño saca cero en el examen.

Y es que ni siquiera pudo escribir esa palabra.

La culpa no la tiene el niño. Es alumno aplicado.

La culpa la tuvo

Ahora yo tampoco puedo escribir la palabra.

¡Hasta mañana!...

 


Armando Fuentes Aguirre