John Dee dedicó toda su vida a la  búsqueda de la piedra filosofal, misteriosa sustancia a cuyo toque todo se convierte en oro.

Tras de muchos desvelos y fatigas finalmente la encontró. A nadie dijo nada de su descubrimiento. Cavó un profundo pozo, ahí arrojó la piedra y la tapó. Sólo él sabía que era el hombre más rico del mundo.

Sucedió que al poco tiempo conoció a una hermosa joven y la desposó. Su esposa le dio hijos. Vivían felices en su hogar. Los modestos ingresos que percibía él como maestro de filosofía les daban lo necesario para vivir sin apuros económicos. A nadie envidiaban, y nadie los envidiaba a ellos.

Jamás sacó John Dee la piedra filosofal del pozo donde la arrojó. Decía:

—Tengo todas las riquezas. ¿Para qué quiero más?

De esto hace muchos años.

Entiendo que la piedra sigue en el pozo donde el filósofo la sepultó.

Ojalá nadie la encuentre.

A nadie se le desea la infelicidad.

¡Hasta mañana!...

Armando Fuentes Aguirre