John Dee soñaba con hacer algún día una catedral.

Su sueño nació cuando John Dee era joven. Los años fueron pasando uno tras otro, pero John Dee no renunció a su sueño. Se despertaba pensando en su catedral y se dormía imaginando el libro abierto de su pórtico, sus recios contrafuertes, su airosa torre alzada al cielo como el brazo de un hombre ansioso de tocar a Dios.

Un día llegaron los bárbaros a la comarca. Tomaron la ciudad, la incendiaron y pasaron a todos sus habitantes a cuchillo. Sólo a John Dee no le pudieron arrancar la vida: cuando fueron a buscarlo se elevó por el aire y quedó suspendido en él, muy lejos del alcance de sus enemigos. Estaba de pie John Dee sobre la torre de su soñada catedral, pero los bárbaros no la podían ver, ni verlo a él.

La historia de John Dee encierra una lección: si conservamos nuestros sueños hasta lo último, ellos podrá salvarnos de la destrucción final.

¡Hasta mañana!...