Jean Cusset, ateo con excepción de la vez que escuchó a John Mc.Cormack cantar “Nearer my God to Thee”, dio otro sorbo a su martini –con dos aceitunas, como siempre– y declaró:

-Toda belleza terrenal es un trasunto de la belleza eterna. Toda verdad es un reflejo de la eterna verdad. El bien que hacemos es inspirado por el sumo bien. Y el amor humano es un destello del amor divino. Mientras más divino se hizo, Dios se hizo más humano. Él mismo se hizo hombre. Y mientras más humanos nos hacemos los hombres nos acercamos más a lo divino.

Dio Cusset un nuevo sorbo a su martini y continuó:

-Nuestro destino es fundirnos con Dios. Tal es nuestra naturaleza, humana y divina al mismo tiempo. Tenemos vocación de eternidad. No somos efímeros: vivimos para siempre. El amor –el Amor– es nuestra primera y nuestra última razón de ser. Del amor venimos; regresaremos al Amor.

Así dijo Jean Cusset.

Y dio el último sorbo a su martini. Con dos aceitunas, como siempre.

 

¡Hasta mañana!...