Hay una canción que nadie puede oír.

Quienes afirman su existencia no saben si esa canción surge del mar, o sale de la selva, o se origina en una montaña, en algún bosque, en el desierto o en un río.

Dicen, no obstante, que esa canción tiene la más hermosa melodía, más bella que cualquiera de las que el hombre ha creado, y que su letra habla de paz, de fraternidad, de amor.

Quizá yo ya no escuche esa canción, pero tengo la esperanza de que mis nietos, bisnietos o tataranietos, o los hijos de ellos, la oirán. Llegará la canción hasta los últimos confines de la tierra, y al escucharla el mundo todo en él se hará nuevo, y todo bueno.

Escuchemos mientras tanto las canciones de los hombres y de las mujeres. También son muy hermosas.

 

¡Hasta mañana!...