Granizó ayer en el Potrero de Ábrego.

     Dimos gracias a Dios, a San Pedro, a San Isidro Labrador y a Nuestra Señora de la Luz porque el granizo no cayó en las huertas ni en los sembradíos. Se abatió en la sierra y la pintó de blanco, de modo que el alto monte llamado Coahuilón parecía volcán nevado.

     Llegará el sol y fundirá el granizo.

     El agua clara nutrirá los senos de la tierra, y llegará a nosotros convertida en manantial. Beberán de ella los árboles que nos dan su fruto y la hierba que alimenta a nuestros animales. El granizo, maldición casi siempre, fue esta vez una agradecida bendición.

     Hay en los cielos y en la tierra misterios que las ciencias de los hombres no son capaces aún de descifrar. Cada criatura de la naturaleza, cada ser de la flora o de la fauna guarda un secreto que los humanos no podemos conocer.

     Ante esos misterios debemos inclinarnos.

     Debemos inclinarnos ante ese Misterio.

 

     ¡Hasta mañana!...