¿Recuerdas, Terry, cuando eras perro joven y te salías de la casa atraído por no sé qué –por sí sé qué- perfume irresistible?

A veces tardábamos días en hallarte. Cuando volvíamos a verte estabas flaco y trasijado, como si hubieras cumplido una labor agotadora.

Y es que habías cumplido una labor agotadora. Quién sabe cuántos descendientes tuyos andarán ahora por el mundo.

Cuestión de vida, Terry; vida que tú viviste plenamente.

Tuviste esa sabiduría, entre otras muchas.

Fuiste nuestro cuando debías ser nuestro. Fuiste tuyo cuando debías ser tuyo.

Ahora todo está en el recuerdo.

Todo estará alguna vez en el recuerdo.

No te salgas de mi memoria, Terry.

Ya no podría salir a buscarte.

¡Hasta mañana!...

 

Armando Fuentes Aguirre