Yo vivo en compañía de fantasmas.

Cuando en las horas de la noche deambulo por la vasta casona del Potrero los espectros que la habitan aparecen y me miran con familiaridad.

Ahí Luisita de la Peña y Peña, que murió días antes de su boda de un súbito mal del corazón. Ahí el capitán Ignacio Dávila, fallecido en la guerra del francés. Ahí Trini Garona, a quien se le acabó la vida por causa de tristeza, según dijo el doctor que vino del Saltillo a verla y la halló ya muerta y tendida.

Tengo amistad con esas sombras. No les dirijo la palabra, pues tengo miedo de que me contesten. Tampoco me hablan ellas: quizá sienten el mismo temor. Nos cruzamos igual que dos navíos que pasan uno junto al otro en silencioso encuentro por el mar.

Al día siguiente comento en la cocina:

—Anoche vi un fantasma.

Seguramente el que me vio a mí les dice luego a los demás:

—Anoche vi un fantasma.

¡Hasta mañana!...