Los pecados mortales se reunieron.

Estaba ahí la envidia.

Estaba la pereza.

Estaba la gula.

Estaba la ira.

Estaba la lujuria.

Estaba la avaricia.

De pronto se pusieron en pie todos y saludaron, respetuosos:

-Hola, madre.

Había llegado la soberbia.

En otra parte se hallaban juntas las virtudes.

Estaba la esperanza.

La fe estaba.

De pronto ambas se pusieron en pie y saludaron, respetuosas:

-Hola, padre.

Había llegado el amor.

¡Hasta mañana!...