Me habría gustado conocer a don Antero de la Cruz González.

Fue el hombre más rico de la comarca. Poseía tierras que no alcanzaba a medir y ganados que no alcanzaba a contar. Era dueño de minas. Tenía acciones mayoritarias en un ferrocarril y un banco.

Nadie supo de dónde había llegado. Unos decían que era español; otros pensaban que provenía de Cuba o de América del Sur. Soltero, sin familia alguna, e l día que cumplió 60 años se deshizo de todos sus bienes. Comentaba:

-Y al hacerlo me deshice de todos mis males.

Fue a vivir en una cabaña que había hecho construir en la montaña de Ábrego. Ahí se dedicó a leer –“O sea a viajar”, decía– y a cuidar un pequeño huerto en el que cultivaba flores y hortalizas. Dicen los que eso vieron que mientras trabajaba las aves se le posaban en los hombros y los animales del bosque venían a acompañarlo.

Un día un leñador lo encontró muerto al pie de un árbol. Tenía un libro en la mano y una sonrisa en el rostro. Las criaturas montaraces estaban a su alrededor como para cuidarle el sueño.

Me habría gustado conocer a don Antero de la Cruz González. Cuando fue rico fue pobre, y cuando fue pobre fue rico.

¡Hasta mañana!...


Armando Fuentes Aguirre