“Abre la puerta, portero, que alguno llamando está. Es el amigo cartero. En su gran bolsa de cuero ¿qué traerá?”.

Ese viejo poema lo recitaba con infantil maestría Manuel Othón Otero, compañero mío en el Colegio “Ignacio Zaragoza”, de La Salle, y con él ganaba el primer premio en todos los concursos de declamación.

Imagino que cada año que viene –y el que sigue viene ya– es un cartero que trae mensajes en su gran bolsa de cuero, unos alegres, de tristeza otros; aquéllos de gozo; de sufrimiento éstos.

Hemos de estar preparados lo mismo para la dicha que para el sufrimiento. De ambas materias está hecha la vida. Risa y llanto son por igual herencia de la criatura humana.

Todo hemos de recibirlo con esperanza, fe y amor. Todo hemos de agradecerlo, igual las alegrías que las penas. Aquéllas porque nos dan felicidad; éstas porque nos hermanan en el dolor con nuestro prójimo.

El nuevo año se acerca.

“Abre la puerta, portero, que alguno llamando está…”.

¡Hasta mañana!...