A mí me gusta el frío.

Enciendo la chimenea de la sala, me arrellano en mi sillón favorito y me cubro las rodillas con un pequeño edredón de plumas que entre sus pliegues guarda todas las tibiezas.

A tragos lentos bebo una copa del fino brandy que se da en Nuestra Señora de las Parras, hermoso sitio de mi natal Coahuila de donde salen vinos y licores prestigiosos. Beber un sorbo de ese brandy es como darle un trago al Sol.

Por la noche me meto bajo dos cobijas saltilleras de las que se llaman “de lana y lana”, salidas de los obrajes del antiguo barrio Águila de Oro. Una sola de esas cobijas bastaría para dar calor al Círculo Polar Ártico.

La chimenea de la sala… Mi sillón favorito… El edredón de plumas… El brandy… Las cobijas de lana y lana…

Ahora leo en un periódico de mi ciudad que cientos de indigentes y migrantes pasan frío en las calles estas noches.

Qué pena.

Seguramente a ellos no les gusta el frío.

     ¡Hasta mañana!...