Este hombre soñó que había escrito una canción.

Era una hermosísima canción, la más bella que el hombre había escuchado en su vida. Ni un aria de Mozart ni un lied de Schubert tenía su belleza.

Por desgracia cuando despertó no pudo recordar la melodía. Por más esfuerzos que hizo le fue imposible traerla a la memoria, y menos aún a la partitura.

Pasó el resto de su vida tratando de recordar la canción que había soñado. Nunca más pudo acordarse de ella.

Los años transcurrieron, y finalmente murió el hombre. Se sorprendió al verse en la morada celestial. Entonces oyó un canto de ángeles. Exclamó arrobado:

-¡Es mi canción!

El buen Señor le dijo:

-Por ella estás aquí. Todo el que hace una bella canción tiene un lugar en mi casa.

En la eternidad el hombre ya no olvida su canción.

 

¡Hasta mañana!...