“No podemos hacer cosas grandes, pero podemos hacer con gran amor las cosas pequeñas”. La frase es de la Madre Teresa de Calcuta.

De pequeñas cosas está hecha nuestra vida, y más ahora con el confinamiento que la pandemia nos impone.

Si hacemos frente a ese encierro con impaciencia, enojo o frustración, su agobio nos pesará aún más. En cambio, si lo afrontamos con esperanza y optimismo –y con prudencia siempre– nos será más leve.

¿Vemos este tiempo como perdido? Eso quiere decir que lo perderemos irremisiblemente. ¿Lo vemos como oportunidad? Entonces sacaremos de él provecho: oportunidad para acercarnos más a aquéllos con quienes compartimos el gran don de la vida; oportunidad para acercarnos más a nosotros mismos.

Aburrirnos será hacer confesión de nuestra falta de recursos para emplear las horas. Irritarnos será dar a ver nuestra debilidad.

Dejémosle a cada día su afán. Precepto evangélico es ése, y también sabio consejo. Irán pasando los días. Hagamos que pasen bien y con buen fruto.

¡Hasta mañana!...