¿Habrá país del mundo en que las celebraciones del Día de Muertos sean tan coloridas como en México?

Y ¿habrá país donde las fiestas de la Navidad sean tan entrañables como las nuestras?

Con semejante devoción e igual fervor de pueblo los mexicanos festejamos a la muerte y a la vida. Con la misma unción ponemos el altar de muertos y el nacimiento navideño. En noviembre es la amarilla flor de cempasúchil; en diciembre la roja flor de Nochebuena. Flores nuestras las dos; las dos flores mexicanas.

Hoy dan principio las Posadas. Aparte de nosotros no hay quien tenga ese rito jubiloso, los nueve días de fiesta que anteceden a la gran fiesta de la Navidad. Nadie más tiene la piñata, y los antiguos cantos de pedir y dar posada, y las letrillas navideñas de Sor Juana y Pellicer. No hay quien posea las riquezas de Navidad de México.

Con egoísmo propio de los muchos años digo ahora que nadie disfruta más la Navidad que los niños y los viejos. Ellos, porque acaban de salir de las manos de Dios; nosotros porque ya vamos a sus brazos.

Hoy les canto a Jesús, María y José: “En nombre del Cielo os pido posada…”.

¡Hasta mañana!...