Lo que en seguida voy a relatar no lo narró Homero.
He aquí que las sirenas cantaron para Ulises.   

Él amaba a Penélope, su esposa, la de los ojos glaucos.
Temió por eso que el canto de las sirenas lo hiciera olvidarse de la amada.

Y es que por un momento sintió el deseo de quedarse ahí a gozar para siempre las caricias de aquellas mujeres hermosas y hechiceras.

Se hizo atar entonces al mástil de su navío a fin de vencer la tentación.

Atravesó la nave por el rocoso estrecho donde las sirenas aguardaban a los marineros, y así pudo el héroe salvarse de sus asechanzas.

Ahora, en la paz y sosiego de su hogar de Itaca, Ulises oye el canto de Penélope, que entona una antigua canción mientras teje en su aposento.

Ulises se aleja con premura y sale de la casa.

Teme que el canto de la amada lo haga olvidarse de las sirenas.

¡Hasta mañana!...