Llegó el número uno y me dijo sin más: 

-Soy el número uno.

Le respondí:

-Lo felicito. Y le presentaré otro número uno. Así serán el 11.

Contestó:

-Aparte de mí no hay ningún otro número uno.

-Hay muchos –repliqué-. A más de usted y del 11 están el 111, el 1111, el 11111, y así sucesivamente.

-Pero el primer número uno soy yo –insistió airado.

-Todos son el primero y todos son el último –repuse-. Dicho de otra manera: todos son el mismo. Todos son el número uno.

Se alejó mascullando no sé qué.

Yo me quedé pensando que todos los hombres son como el número uno: todos creen ser el número uno.
Y desde cierto punto de vista todos lo son.

¡Hasta mañana!...

Armando Fuentes Aguirre