El maestro hizo en el pizarrón un esquemático dibujo.

Con ondas figuró el mar y sobre él puso lo que parecía una nube. Luego trazó dos flechas, una apuntando de arriba hacia abajo; la otra señalando de abajo hacia arriba. En seguida explicó a los escolares lo que llamó “el ciclo del agua”: la nube deja caer su lluvia en el mar; el agua del mar se evapora y da origen a la nube.

Me pregunto si en ese elemental dibujo no está explicado cabalmente el misterio de la vida y de la muerte. Nacemos para morir. Morimos para nacer. A nuestro lado van esas dos flechas: la que apunta hacia la tierra y la que hacia el cielo apunta.  

El agua que está lloviendo ahora es la misma que vio caer mi padre cuando niño y que verán caer los nietos de mis nietos. Quizá también hay una eterna lluvia de almas que antes han sido y luego volverán a ser.

Miré ayer el sencillo dibujo en la pizarra de la escuela y me pareció ver en él una inquietante sugerencia.

¡Hasta mañana!...