Vacilaba el Justo Juez.

El ángel había llevado a su presencia a un hombre para que lo juzgara.

En un platillo de la balanza se pusieron las buenas acciones que el hombre había hecho a lo largo de su vida, y en el otro las acciones malas.

Y sucedió que pesaron lo mismo unas y otras. El fiel de la balanza quedó en medio.

El Juez Supremo no sabía qué hacer. El mal y el bien en la vida de aquel hombre eran iguales.

Le preguntó:

-¿Tienes algo qué decir en tu favor?

Respondió, humilde, el hombre:

-Señor: a nadie nunca hice sufrir. A nadie hice llorar.

Al oír eso el Padre ordenó que de inmediato se le abrieran al pecador las puertas del paraíso.

     ¡Hasta mañana!...

 

Armando Fuentes Aguirre

Columna: Mirador

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila.

Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.