-¿Qué chingaos está pasando con el mundo?

Don Abundio el del Potrero es quien hace esa pregunta lapidaria.

Sucede que hace unos días granizó en el rancho, y la pedrisca trajo días de invierno en pleno mayo. Ahora hace un calor de infierno; los seres y las cosas se marchitan como una flor nacida junto a un horno.

El viejo campesino evoca aquellos tiempos en que las estaciones obedecían al calendario. Las cuatro eran lo que debían ser. Hoy andan todas enrevesadas: en primavera temblamos por el frío y en invierno vestimos ropa de verano.

Le digo a don Abundio que nosotros tenemos la culpa de lo que pasa con el mundo.

-Serán ustedes -responde-, los de la ciudad.

Y añade luego, socarrón:

-Deberían hacer sus ciudades en el campo.

No contesto. A don Abundio no se le puede contestar. Pero pregunto como él:

-¿Qué chingaos está pasando con el mundo?

 

¡Hasta mañana!...