Mi pequeño jardín no sabe de epidemias, y es ahora una jubilosa convención de pájaros y flores.
Están ahí el jilguero y la rosa; la paloma y el plumbago; el clavel y el colibrí.
Yo no me acerco, para no asustar a las aves ni a los pétalos. Oigo la música y miro los colores desde la ventana de mi estudio, y siento que la vida ha venido a buscarme y me ha encontrado.
Alguna vez no estaré aquí, pero estará la vida. La vida siempre está. Los pájaros y las flores estarán también. Siempre han estado. Serán otras aves y otras flores, pero serán las mismas flores y las mismas aves.
Me pregunto únicamente quién las mirará desde la ventana de mi estudio.
No seré yo, pero

Quién sabe.

¡Hasta mañana!...