¿Recuerdas, Terry, amado perro mío, la vez que subimos a lo alto del alto monte que llaman Coahuilón?

Salimos de madrugada de la casa y llegamos a la cima cuando el sol estaba ya en el cenit. Fatigado, me senté a descansar al pie de un árbol. El sueño me venció y me dormí. No sé cuánto tiempo pasó. Sentí de pronto algo en la mejilla. Eras tú, Terry, que con tu húmeda nariz me despertaste para que emprendiéramos el camino de descenso.

Cuando llegamos abajo caía ya la noche. Si no me hubieras despertado nos habría sorprendido la oscuridad en la cumbre y la habríamos pasado muy mal.

¡Cuántas cosas como ésa podría contar de ti, perro amigo, perro hermano, perro ángel! Tu presencia en mi vida fue un hermoso regalo. Por él he dado siempre gracias.

Ahora el regalo es tu recuerdo. Sigues estando aquí, como si aquí estuvieras. Donde ahora estás quizá tú me recuerdas. Ojalá yo merezca que me recuerdes con el mismo amor con que te recuerdo yo.

 

¡Hasta mañana!...

Armando Fuentes Aguirre

Columna: Mirador

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila.

Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.