¿Cómo llegó al Potrero esta peineta?

Es de carey, y tiene inscritas, muy pequeñas, las palabras “Recuerdo de Campeche”.

Me sorprende ver ese objeto de mar en mi montaña. Los hombres que aquí vivieron, lo sé bien, eran aventureros. Pelearon en la guerra del francés; estuvieron en la Revolución. Un tío abuelo fue a dar a Alaska porque le dijeron que ahí abundaba el oro. Otro se contrató de músico en un circo, enamorado de la caballista, y se perdió en el polvo de los pueblos y los años. Del primo Leo –Leonardo, se llamaba– se cuenta que después de una vida disipada ofreció a sus amigos y mujeres una fiesta que duró 10 días con sus noches, y luego ingresó con otro nombre en un convento de franciscos donde murió, anciano, con fama de santidad.

Pero esta peineta ¿quién la trajo? La imagino adornando una melena hecha del sol. Alguna vez, en sueños, me contará su historia; me hablará de recuerdos y de olvidos. Yo guardaré ese sueño en una cajita perfumada que traje de Olinalá. Pasará el tiempo; alguien mirará la cajita y se preguntará: “¿Cómo vino a dar aquí?”

¡Hasta mañana!...