Seguramente habrá usted escuchado aquello de “el canto del cisne”.

Se dice que esa ave canta sólo cuando va a morir.

Pues bien: yo conocí a un cisne que cantó y no se murió.

Los demás cisnes lo veían con malos ojos. Lo acusaban de faltar a una tradición de muchos años. Su deber de cisne era cantar y a continuación morir.

Él no hacía caso de los reproches. Les decía a quienes lo criticaban:

-Váyanse a cantar.

El cisne del que hablo vive todavía, y canta aún sin cuidarse de la opinión de los demás.

A veces, cuando el viento es favorable, me llega su canción. Precisamente la estoy oyendo ahora que escribo esto. Es una bella canción. Las canciones de la vida siempre son muy bellas.

 

¡Hasta mañana!...