Sergio Martínez, “El Brother”. El viernes pasado festejó su cumpleaños el popular “Brother”, y mucha gente, de todos los estratos sociales, se acercó a felicitarlo al ser reconocido como una de las voces más respetadas en ese milagro que es la radio, una voz puntual, amena y muy didáctica; lenguaje en el aire desde Coahuila para todo México y el extranjero, toda una tradición oral en el espectro radiofónico donde, es muy cierto, usted podrá enterarse de noticias en la teletonta por la noche, pero muy temprano, amaneciendo, sintonizará la radio para conocer la verdad de los hechos con “El Brother”, en Dictamen Radiofónico. Adelante, Sergio. ¡Enhorabuena!

Los corruptos del Montero. En Parras de la Fuente hay un club de golf llamado “Rincón del Montero”, lugar paradisíaco donde, por desgracia, han escogido ir a vivir personajes muy corruptos de la fauna política local. Hacer ostentación de su riqueza mal habida es el propósito de estos ladrones de Parras, pueblo que ha resistido con estoicismo muchas calamidades, lo cual ha sido más fácil que defenderse de los últimos alcaldes que han atacado con ferocidad rapiñera este Pueblo Mágico; tipos vulgares que por muchos años irán arrastrando la mancha indeleble de sus raterías, al igual que su descendencia, que será señalada con inquina como hijos e hijas de ladrones, como la lepra más repelente de Parras, de los que ya se quejan los vecinos de ese campo de golf, gente decente que no merece convivir con tal calaña, cuya podredumbre moral y espiritual es causa de un hedor casi líquido que ya resulta insoportable en dicho lugar.

Los políticos y el golf. A propósito de ese deporte aristocrático y de nuevos ricos que es el golf, vale la pena citar una anécdota de don Daniel Cosío Villegas, a ver si entienden nuestros nuevos ricos. Resulta que en pleno alemanismo, el director del Banco de México, Carlos Novoa Rouvignac, pidió a Cosío Villegas, entonces titular del Fondo de Cultura Económica, que convenciera a los directivos del Fondo de comprar acciones del nuevo Club de Golf de Acapulco (negocio del entonces presidente Alemán) a lo que el austero director, de razón diáfana e intachable, contestó de manera contundente: “Por desgracia, en nuestra institución no hay personas que tengan afición al golf ni capacidad económica suficiente para pertenecer a tan distinguido Club”. Y es que no es posible ver, por ejemplo, a unos burócratas ramplones, hijos de humildes burócratas austeros, como socios del club de golf Campestre, mezclándose con la aristocracia local, como ahora lo hacen los nuevos ricos Ismael Ramos Flores y Jesús Ochoa Galindo, que se mueven por el club sintiendo la mirada penetrante de quienes los ven con la cara compungida, con el rostro del desfalco, ambos asesores “pornofinancieros” y legitimadores de un régimen que se prolongará por unos años más, igual que sus millones y su angustiosa culpabilidad.

El golfo Gamboa Patrón. No nos espanta que los políticos de este País jueguen al golf, nos indigna que vivan fuera de la realidad, que sean insensibles ante el desastre nacional, un País con más de 55 millones en la pobreza, con millares viviendo en la calle por los sismos, nación de migrantes deportados, con un TLC en vilo, País de corrupción e impunidad. Entonces, es cuando vemos a Emilio Gamboa Patrón abordar un helicóptero oficial para ir a jugar golf a un Campestre, ya ni la jode, de plano no tiene abuela ese tal Gamboa Patrón.