Irieh Oh en Moksha Estudio, ubicado en el Edificio Lomelí en el Centro Histórico. / Foto: Alejandro Rodríguez/VANGUARDIA.
A cargo del artista Irie Oh, que viene desde Xalapa, Veracruz, el estudio se ubica en el cuarto piso del edificio Lomelí, en el Centro Histórico y maneja una serie de estilos que hacen que los tatuajes no pierdan su intensidad con el paso del tiempo

“Si se van a tatuar que sea algo que vaya a durar”, dice el tatuador, Oscar Rocha “Irie Oh”. Podría parecer una declaración redundante, después de todo, los tatuajes duran para siempre. Pero de un estilo a otro algunos no pueden llegar a la eternidad como el día que estuvieron terminados.

En entrevista con VANGUARDIA, el artista originario de Veracruz, quien a partir de este mes tendrá su estudio Moksha, en Saltillo, nos habló sobre su trayectoria, las ciudades que ha visitado donde ha dejado su arte impreso en la piel de habitantes y turistas y el estilo que maneja, uno pensado para perdurar intacto por siempre.

“Llevo cinco años tatuando. Empecé porque unos amigos me enseñaron, con ellos ya tengo una amistad de casi 15 años. Todos empezando pintando; en las calles, haciendo murales y dos de ellos empezaron a tatuar”; nos contó, “a lo largo de estos cinco años he pasado por varios estilos, he estado descubriendo algunos estilos y con el paso de los años uno va definiendo el estilo y va perfeccionando ciertas técnicas y hay tres estilos que son los que quiero seguir desarrollando, son los que se me hacen más completos. El fin del tatuaje es que duren y creo que esos estilos van con ese fin”.

Rocha explicó que el resultado real de un tatuaje no es visible sino hasta años después de que este se realizó. El proceso de cicatrización y de asentamiento de la tinta en la piel modifica la imagen y no es sino hasta ese momento en que ya se ve cómo se quedará plasmado por el resto de la vida.

“A la hora de hacer un tatuaje debes estar consciente de que vas a hacerlo para la posteridad. Es un trabajo arduo que tienes que perfeccionar con los años”, expresó, “a mí me gusta el tatuaje neotradicional, el tradicional americano y el japonés, yo creo que esos son los que más duran. Todos son con colores sólidos, colores fuertes. Antes no entendía porqué muchos tatuadores usaban estos estilos, hasta después lo pude entender, lo hacen porque son los que duran”.

“Siempre trato de comentarle a la gente eso, que si se van a tatuar que sea algo que vaya a durar, que no nada más sea para un rato”, agregó, “y puedo hacer lo que la gente me pida, aunque si puedo hacer mi idea, pues mucho mejor. Ahorita ya tengo una carpeta considerable, varios diseños y últimamente si alguien me pide algo diferente trato de darle ese estilo”.

Dentro de este estilo, el artista explicó que los diseños que maneja se inclinan más por motivos mexicanos, como jaguares, serpientes y otros elementos de las culturas antiguas del territorio nacional, aunque reconoce que estos son más populares en el sur del país.

“Lo más importante, y lo que he notado más aquí en Saltillo, porque solo he estado unos dos o tres meses en cada ciudad y aquí llevo más, es que todas las personas de diferentes ciudades tienen una forma de pensar distinta, por lo tanto los diseños que quieren son diferentes. Por ejemplo aquí les gustan mucho las letras, el tatuaje cholo, el tatuaje chicano, yo no lo hago mucho pero tengo que adaptarme”, explicó.

“Es importante hacer un análisis de la zona en que estás, también si vas a una zona turística no puedes hacer tatuajes grandes. Tienen que ser diseños pequeños para que la gente se los haga en ese momento. Hay que tener un estudio previo de a dónde vas y qué les gusta para poder dar en el clavo”, añadió.

 

Irie Oh ha podido tatuar en varios estados de México, como su natal Veracruz, el Estado de México, la Ciudad de México y, por supuesto, Coahuila, pero también en los Estados Unidos, donde su arte ha llegado a la piel de habitantes de San José y San Francisco en California, así como las ciudades de Nueva Jersey y Nueva York, y espero que la pandemia pase para “seguir recorriendo las ciudades”.

Moksha ahora está instalado en el primer despacho del cuarto piso del Edificio Lomelí, ubicado sobre la calle de Allende, pasando Aldama, en el Centro Histórico, donde comparte el espacio con el también recién inaugurado “Estanquillo Corona”, bazar de arte. Lo puedes en encontrar en Instagram como @_moksha_estudio

“Siempre poner un espacio o empezar cualquier proyecto es emocionante. Sigo emocionado todavía, ya sabía yo de las dificultades, siempre hay, entonces creo que eso es también emocionante, que la cosa sea difícil para ver de qué estas realmente hecho. Me emociona mucho estar en otro lugar. El espacio físico me gusta, la ciudad también me gusta; la gente es difícil, es muy cerrada, y aparte los tatuadores que he llegado a conocer son muy buenos, entonces la competencia es dura pero igual me emociona porque sé que todavía tengo mucho que dar”, concluyó.