Pareciera ser la propagación descontrolada del miedo, producto de no percibir que las autoridades sanitarias tengan el control de la situación

La información que día a día nos llega desde Monclova, corazón de la Región Centro de Coahuila, es cada vez más alarmante. Lo que se percibe es que la pandemia del COVID-19 se ha salido de control en esa ciudad y que las medidas que están siendo implementadas son desesperadas.

Todo comenzó, como sabemos, con un brote que, de acuerdo con la información de que se dispone, podrían estar relacionado con prácticas médicas inadecuadas, lo cual colocó en el centro de la propagación al Hospital General de Zona N° 7 del Instituto Mexicano del Seguro Social.

La psicosis se ha apoderado de la Región Centro y ésta se incrementa cuando las autoridades han decretado medidas muy severas para obligar a las personas a no salir a la calle, medidas que incluyen arrestos y la posibilidad de fuertes multas. Algo muy cercano al estado de excepción.

El temor a la propagación desordenada del virus ha llevado a la colocación de filtros en las calles e incluso se han recibido reportes en el sentido de que las autoridades de Nuevo León estarían impidiendo el ingreso a su territorio de vehículos provenientes de Monclova.

Naturalmente lo que está ocurriendo en aquella ciudad genera un debate relativo a si las autoridades no están llevando las cosas demasiado lejos, pues a este ritmo terminaría por imponerse el toque de queda.

Es cierto que Monclova concentra el 56 por ciento de todos los casos que se han confirmado en Coahuila, pero también es cierto que el número de personas infectadas (64 hasta anoche) no representa ni siquiera media décima de punto porcentual del total de habitantes de esa ciudad.

Y no es que esté mal tomar todas las precauciones posibles, pero parece lógico preguntarse si la restricción forzada de la movilidad de las personas es la medida más adecuada en estos momentos.

La reacción que hemos visto en Monclova obliga también a preguntarse si se trata de un caso aislado, es decir, si lo que estamos viendo allí es una situación atípica o si se trata apenas de las escenas adelantadas de una película que comenzaremos a ver pronto en todo el País.

Porque lo que vemos en Monclova, más que la propagación descontrolada de un virus que amenace a toda la población –o a la mayoría– pareciera ser la propagación descontrolada del miedo, producto de no percibir que las autoridades sanitarias –estatales y federales– tengan el control de la situación.

Lo que pasa en Monclova obliga nuevamente a preguntar por qué estamos haciendo tan pocas pruebas en México y por qué tardan tanto los resultados. ¿No sería más útil enviar a esa ciudad –y a todas las grandes concentraciones urbanas del país– cargamentos de pruebas para realizárselas a todo mundo, detectar a los contagiados asintomáticos, aislarlos y quitar de la zozobra a todo aquel que al menor síntoma considera que su vida está en peligro?

En lugar de eso, se ha preferido dejar que el miedo se esparza sin control y que todos vean a los demás con sospecha y recelo, pues ahora la “amenaza” son las 250 o 300 –o tal vez muchas más– personas contagiadas, pero asintomáticas, que se piensa andan por ahí, esparciendo el virus.