No deja de manar sangre en el mundo como consecuencia de fanatismos religiosos. La peste de quienes buscan imponer sus creencias recorre el orbe. El fanatismo viejo es idéntico al nuevo. Los fanáticos no cambian: programados desde la casa y la escuela se mueven sin tomar en cuenta opiniones divergentes. La fe no admite discusiones, es dogmática. Sufren represalias o son asesinados quienes no se alinean. Su diseminación alarma. El silencio de Morena en relación a la laicidad preocupa y sorprende la tibieza de un partido “de izquierda”: ¿defienden la laicidad?, ¿consideran al aborto una opción válida?, ¿aceptan el matrimonio homosexual y la adopción en parejas del mismo sexo?, ¿concuerdan con el ideario del Partido Encuentro Social? Cuestiones espinosas merecen respuestas puntuales.

En Acecho a la laicidad (El Financiero, marzo, 20), Pedro Salazar pone las íes sobre la mesa: “Un Estado laico es la condición institucional que permite a las personas ejercer su libertad de conciencia —ya sea para abrazar un credo religioso o para no abrazar ninguno— y, a la vez, garantiza que nadie sea discriminado o excluido por sus creencias personales. La clave reside en dos cuestiones fundamentales. Primera. El Estado no debe privilegiar a una iglesia sobre otras; segunda, las iglesias no deben colonizar el espacio público”.

El 21 de febrero y el 13 de marzo, Arturo Farela, quien encabeza la Confederación Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas —Confraternice—, fue recibido, junto con 20 ministros cristianos en Palacio Nacional. Tras las reuniones, Farela comentó: “Dios nos ha abierto unas gigantescas puertas porque hemos sido invitados a colaborar con el Gobierno Federal en algunos programas sociales”. ¿Qué dice la cúpula morenista? Cuando fungía como jefe de Gobierno del otrora DF, Marcelo Ebrard, ahora secretario de Relaciones Exteriores, despenalizó en 2007 el aborto y “llamó a cerrar filas para impedir que desde la Iglesia u otras esferas se intimide o amenace a la Asamblea legislativa”. Años después, en 2009, se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo. Las posturas progresistas de Ebrard, a menos de que su filosofía haya cambiado, se contradicen con el ideario de Confraternice.

Farela, al reflexionar sobre la despenalización del aborto, las uniones homosexuales y la adopción entre parejas homoparentales, asegura, “López Obrador no apoya nada de eso: Por el contrario, apoya lo que tiene que ver con la espiritualidad”. El peso y la opinión de Farela sobre AMLO es contundente: en marzo, representantes de Confraternice se reunieron con miembros distinguidos de Morena: Olga Sánchez Cordero (Gobernación), Jorge Alcocer Varela (Salud) y María Luisa Albores (Bienestar).

A los librepensadores y defensores del Estado laico, y a incontables partidarios de Morena que sufragaron por el ideario de AMLO, nos gustaría conocer las opiniones de los dirigentes del Partido con respecto a las posiciones de los grupos evangélicos. Imposible soslayar la coalición entre AMLO y el PES en plena campaña —Juntos Haremos Historia— y el ruido emanado por dicha unión. El ruido no sólo no cesa, aumenta. Confraternice busca modificar la Ley de Asociaciones Religiosas (1992) que impide a los ministerios de culto tener concesiones o permisos de radio y televisión: “…Necesitamos las concesiones para que el Gobierno alcance sus objetivos precisamente en los programas como Jóvenes Construyendo el Futuro”.

Los motivos de los grupos evangélicos se oponen a los códigos de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información: “…Los medios electrónicos cumplen una misión social de servicio público y no de adoctrinamiento político o religioso”. Renglones adelante agregan, “Los contenidos educativos que transmiten la radio y la televisión se basarán en los resultados del progreso científico, lucharán contra la ignorancia y sus efectos, la servidumbre, los fanatismos y los prejuicios”.

Amén de los servidores públicos citados, la opinión de AMLO es indispensable. Temas ríspidos y posiciones sólidas como las de Confraternice merecen respuestas claras y rápidas. A López Obrador le corresponde explicar el probable divorcio entre laicismo y Estado como proponen los grupos evangélicos. Imposible olvidar el malestar generado cuando Vicente Fox, durante su campaña, enarboló el estandarte de la Virgen de Guadalupe para fines partidistas. En esa ocasión varios obispos cuestionaron el acto. ¿Qué opinaron en esa época AMLO y los Ministros morenistas que presenciaron cómo Fox ondeaba el estandarte?