Desde la perspectiva actual, Mozart fue un compositor prolífico. Sin embargo, el tamaño de su producción musical no estuvo muy por encima de lo que la época exigía de cualquier compositor de primer nivel. El último número de catálogo de sus composiciones es 626, al cual hay que sumar los trabajos perdidos, los recién descubiertos y los de dudosa atribución. A estos últimos pertenece el “Musikalisches Würfelspiel” (“Juego de dados musical”). Si Mozart fue el autor, entonces su obra es potencialmente inmensa, tanto, que si se hubiera comenzado a interpretar en el momento del big bang, hoy en día faltarían muchos millones de años para completarla. 

La obra consta de una partitura con 176 compases numerados, así como de un par de tablas de ocho columnas y once filas cada una. Las filas indican cada una de las posibilidades numéricas de lanzar un par de dados, mientras que las columnas representan la sucesión de compases. El juego consiste en ejecutar dieciséis lanzamientos y en cada uno buscar la fila y la columna correspondientes en la tabla, las cuales indican, en su intersección, el número de compás de la partitura que se habrá de tocar para, finalmente, conseguir un minueto. 

Si, por ejemplo, en el primer lanzamiento se obtiene un 5, se consultan las coordenadas I-5 en la tabla, las cuales señalan 40. Luego, se busca el compás correspondiente en la partitura, que será el primero de la pieza musical. Al completar los lanzamientos y ordenar los compases según los resultados resulta un bonito minueto. 

El juego es divertido y ligero, pero la cantidad de minuetos posibles es cosa muy seria, a saber, 11 elevado a la 16; es decir, casi 46 billones. Si se considera el tempo característico del minueto de la época, cada uno duraría unos 26 segundos —y ello sin tomar en cuenta las repeticiones típicas de este tipo de composiciones—, de manera que la duración total de los minuetos posibles sería de unos 38 mil millones de años, casi el triple de la edad del universo según la teoría actual (cerca de 14 mil millones de años).

El Musikalisches Würfelspiel es un ejemplo más de cómo la brevedad puede encerrar inmensidades. No es único, ya que se guarda registro de otras composiciones realizadas bajo el mismo esquema. Finalmente, si el autor de este juego de dados en particular no fue Mozart —cuya música no dejará de ser infinita sea cual sea su duración— habría que reconocer el trabajo de un compositor incógnito.