Fotos: Héctor García Escaparate. El Museo del Desierto es el más visitado de Saltillo; registrando tan solo en vacaciones de Semana Santa cerca de 40 mil visitas; en sus salas exhibe una riqueza invaluable de fósiles y plantas propias de la región.
El Museo del Desierto es la suma de diversas voluntades y sueños: científicos, autoridades de los distintos niveles de Gobierno, empresas, asociaciones y la sociedad civil

El desierto habla con un lenguaje milenario. Y hace poco más de 20 años empezamos a escucharlo para descubrir sus misterios y entender que lo que aparece ante nuestros ojos como un territorio estéril y tranquilo es en realidad un lugar de gran riqueza, vida e historia. Esto no hubiera sido posible sin todos los involucrados que imaginaron y construyeron el Museo del Desierto (Mude), y sin todos los que ahora lo mantienen en constante crecimiento.

Fue en la década de los años 80 cuando la idea de crear un recinto que albergara y diera a conocer los hallazgos de fósiles de dinosaurios y otras especies que aficionados a la paleontología en Coahuila estaban descubriendo en la Región Sureste del Estado.

Fósiles. Restos de animales que existieron hace millones de años en la región, son exhibidos en el Mude.

La capacitación de los aficionados y los descubrimientos continuaron al grado que contar la historia del Mude es contar el inicio de la paleontología en la entidad. La región se volvió un referente visitado por especialistas de la Ciudad de México y otros países. Entonces la iniciativa de crear un museo se hizo urgente y encontró resonancia en las autoridades del Gobierno Estatal, la iniciativa privada y la sociedad civil en 1993, durante la gestión de Rogelio Montemayor.

“Hicimos una primera propuesta para el museo y se la presentamos al doctor Montemayor, y en una reunión del Gabinete la aprobó. Todo ese proceso de elaboración de guiones, de investigación, de todo, fueron aproximadamente cinco años”, platicó Magdalena Cárdenas, quien en ese entonces era la titular del extinto Instituto Coahuilense de Cultura, y también fue la primera directora del Museo del Desierto.

Las pláticas con especialistas coahuilenses y del resto del país, junto con el descubrimiento de esqueleto de dinosaurio conocido como Isauria en Rincón Colorado, obligaron a reflexionar sobre el tipo de museo que se necesitaba.

“La conclusión fue que el museo debería narrar la historia de la relación del hombre con el desierto, así como de la excepcional colaboración que se da entre las distintas formas de vida que coexisten en este ecosistema para subsistir en un medio ambiente tan duro e inclemente”, explicó el exgobernador Montemayor.

Con este concepto se desarrolló el Museo del Desierto, y se inauguró el 25 de noviembre de 1999, con una inversión aproximada de 120 millones, con 4 mil metros de exhibiciones, que abarcaban a los fósiles y dinosaurios y la representación del paisaje y la vida que habitó este territorio hace millones de años.

“No es una dependencia gubernamental, es una asociación civil, es un patronato, y yo creo que en este caso que el incorporar la participación ciudadana en los proyectos, estoy convencido que es una garantía de continuidad, de éxito, de calidad y de transparencia”, expresó Óscar Pimentel, quien en 1999 era titular de la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y que hoy encabeza el Instituto Municipal de Planeación (Implan).

“Hoy sabemos que somos el museo más importante de historia natural de México, y uno de los más importantes de Latinoamérica, tenemos convenios con muchísimos museos y universidades de otros países, sobre todo Alemania, Estados Unidos, Brasil, España; eso ha ayudado que podamos ir más rápidamente si lo que estamos descubriendo es una especie nueva o si ya se había estudiado en otra parte del mundo”, comentó Arturo González, actual director del Mude.

El proyecto creció de tal manera que el Museo del Desierto se convirtió en un referente cultural de Coahuila y el Noreste de México.

De 190 mil visitantes que tenían hace 20 años, hoy recibe a 320 mil, la mayoría de ellos son foráneos: entre el 70 y 80 por ciento de visitantes no son de Coahuila, son prácticamente de Nuevo León, Zacatecas, San Luis Potosí, Querétaro, Ciudad de México, Jalisco; el otro 20-30 por ciento es de Saltillo, Torreón, Monclova, Piedras Negras.

El museo colaboró en gran medida en que el paisaje de Coahuila fuera revalorado no solo por científicos, sino por los mismos habitantes del desierto: encontrar diversidad y vida donde antes no apreciábamos la belleza de este ecosistema.

“Me da mucho gusto reconocer que el tema del desierto es un tema importante, y de la paleontología es un tema importante, tan es así que está en las placas de Coahuila, en el turismo, en los nombre de restaurantes, en fin, ya está presente en el imaginario de la gente que habita este territorio”, dijo Magdalena Cárdenas, quien ahora coordina tres museos en Monterrey, Nuevo León.

Este fue un logro no planeado: que el desierto nos revelara su misterio y que el museo fuera como un libro que nos ofrece el conocimiento para que todos los ciudadanos podamos leerlo, entender cómo fue la vida antes y cómo convivimos ahora las especies.

“Ha sido una satisfacción enorme, pues en principio ver nuestro sueño cristalizado en un museo que excedió lo que nosotros hubiéramos imaginado, excedió nuestras expectativas, y después ver cómo a través de los años no se ha quedado como un museo estático, ha crecido enormemente”, platicó María del Rosario Gómez Núñez, una de las primeras aficionadas en buscar fósiles con aquel grupo de maestros de la Normal, quienes iniciaron la recolección sistemática en Coahuila; es decir, dieron los primeros pasos en paleontología en nuestro Estado; hoy ella es coordinadora de Paleontología de la Secretaría de Educación Pública.

Además de estos nombres, participaron decenas de aficionados y profesionales, funcionarios y empresarios, y ciudadanos interesados en estudiar y aprender la vida y su relación con el entorno desértico, y la historia de este pedazo de tierra que nos tocó habitar.

Paleontología. Los visitantes pueden ver muy de cerca trabajar a los especialistas.
Fauna. El Museo del Desierto Viviente cuenta con especies en peligro de extinción.
Gigantes. Sus pabellones muestran cómo fue la vida cuando los dinosaurios dominaron la tierra.

SEGUIRÁ HACIENDO HISTORIA

El Museo del Desierto ha crecido su espacio para exhibiciones y albergue de animales vivos en más del doble (de 4 mil subió a 15 mil metros), y continúa develando exposiciones que muestran que este ecosistema desértico aparentemente aburrido puede contarnos historias increíbles a través de sus rocas, animales y plantas.

“Es un museo que desde que nació, los contenidos que teníamos hace 20 años se ha transformado en un 80 por ciento; hemos podido renovar las salas con nuevas historias, nuevos objetos, y esa ha sido la constante, la transformación en los contenidos y también crecimos en el área del Desierto Viviente, que son todos los animales en peligro de extinción”, dijo el biólogo Arturo González, director del Mude.

Como parte de su sello, el museo tiene más planes para el futuro: por ejemplo, un proyecto con el Colegio Militar que consiste tener un área para la reproducción de águilas reales, una especie en peligro de extinción; también planean una extensión del Mude en Cuatro Ciénegas que sirva para cuidar y estudiar ese territorio.

Otro proyecto para largo plazo y con una ambición más grande, pues también abarca el tema lúdico y científico, es crear un parque temático que muestre cómo era Coahuila hace 70 millones u 80 millones de años.

Eventos de aniversario

Hoy el Museo del Desierto será la sede de una sesión solemne de Cabildo a las 17:45 horas en la que se conmemorarán los 20 años del recinto cultural.

También se rendirá homenaje a los trabajadores que cumplen 20 años de labor en el Mude.

Esta ceremonia está abierta al público general.

El Mude permanecerá cerrado a visitantes como todos los lunes.