“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”.  
Antonio Machado.

 

La muerte es lo único seguro en esta vida y hoy es el día de muertos. Es paradójico, en este País la muerte ya no es lo que antes era. Casi en todas las religiones después de la muerte se espera la trascendencia; en la cultura maya  se creía en la resurrección y los muertos que hubieran sido bondadosos en vida irían a un lugar en el que no existiría el dolor y gozarían de la abundancia.

Cuando llegaron la conquista española y el cristianismo, éste no pudo desaparecer las creencias religiosas de las etnias originarias sino que se adaptó a ellas. En algunos casos a sangre y fuego y, en todo caso, añadió nuevos elementos, por lo que surgió un sincretismo (sistema que trata de conciliar doctrinas diferentes) que hasta ahora pervive.

En México, durante siglos la muerte ha sido objeto de reglamentación y organización religiosa. Hasta la segunda mitad del siglo pasado, la sepultura de los cadáveres era una costumbre que se consideraba insustituible, pero llegó la cremación que, de hecho, ya había existido en el periodo neolítico y en algunas culturas sigue vigente, como en la India, pero ahora entre los mexicanos la incineración es un boom, dejando atrás definitivamente a la sepultura y convirtiéndose en un negocio redondo.

La saturación de los panteones tradicionales y los altos costos de las inhumaciones son hechos irrebatibles, así que disponer del cadáver es ya un problema y la mercadotecnia se impone, así que optar por la cremación y quedar en una pequeña urna y en el nicho de una iglesia o de un cementerio o, bien, que las cenizas sean depositadas en una maceta, en un árbol como fertilizante, que se esparzan en un bosque o en el mar son opciones vigentes.

Además aparecieron las donaciones de órganos, así que hay quienes donan piel, huesos, corazón, hígado, córneas y todo lo que pueda servir a otros para una nueva oportunidad de vida. La donación de órganos no cuesta nada pero es un regalo de vida, un regalo invaluable y estos cadáveres quedan incompletos, truncados, algunos serán inhumados y otros cremados.

Otra alternativa que hasta ahora ha sido poco divulgada es la de donar el cadáver a una institución de investigación. La Facultad de Medicina de la UNAM clama por tener cadáveres de quienes quieran morir con generosidad. De acuerdo con el Inegi, este año más de 600 mil personas fallecerán, de ellas más del 50 por ciento serán cremadas y el resto sepultadas, hubo 24 personas que eligieron inscribirse en la donación de sus cuerpos de la UNAM, con ello se ayuda a crear técnicas quirúrgicas, nuevos tratamientos y dispositivos biomédicos. En México, esta práctica es regulada y permitida por la Ley General de Salud, pero hay que enfrentar la cultura, aceptar que el ser querido se ha ido y no habrá ningún objeto físico ni lugar para ir a visitarlo, es un reto cultural muy grande aunque es posible lograr ser inmortalizados en libros o artículos científicos que podrían ayudar a dar esperanza a muchas vidas.

Es tan necesaria la donación de cuerpos y tan grande su impacto para la investigación que  los especialistas aseguran que lo óptimo para las escuelas de medicina sería tener un cadáver por alumno, lo cual está muy lejos de lograrse.

En fin, la muerte es un hecho con mucho futuro por resolver.