Ayer se conmemoró el centenario del asesinato de Rosa Luxemburgo, una eminente economista nacida en la pequeña localidad de Zamość (1871), ciudad renacentista de Polonia que es Patrimonio de la Humanidad (UNESCO).

Luxemburgo, apodada “La Rosa Roja” era de ascendencia judía, de una brillante inteligencia por lo que fue odiada por los intelectuales izquierdistas varones  de su época. Ella fue cofundadora del Partido Comunista de Alemania y se opuso de manera vehemente a la Primera Guerra Mundial porque la consideraba un enfrentamiento entre naciones imperialistas.

La economista, “Rosa Roja” fue una mujer con un alto nivel educativo, estudió literatura, botánica, geología y matemáticas; leía en 4 idiomas, también se doctoró en economía en Zúrich, Suiza, lo que le permitió entrar al mundo académico cuando el sistema capitalista se encontraba en una época de expansión y con él se desarrollaba un brote critico intelectual en lo social, lo económico y lo político.

Luxemburgo promovía y creía en un socialismo democrático, aunque era una marxista ortodoxa, su sexo en gran medida era un freno a la extensión de sus ideas, incluso dentro del mundo socialista; aunque ella exploró casi por vez primera temas tan importantes en la economía como el incentivo a la inversión que había creado una teoría del desarrollo dinámico del capitalismo, dando especial importancia al crecimiento de la demanda efectiva, con lo que predijo los modelos de crecimiento del Siglo 20.

Ella, cofundadora del Partido Comunista Alemán, enfrentó inflexibles opositores a su pensamiento socialdemócrata entre comunistas y bolchevistas y sus ideas fueron condenadas como heréticas, aunque el leitmotiv de “La Rosa Roja” fue dudar de todo; era erudita en lo escrito por Karl Marx y Friedrich Engels y lo usó en la disyuntiva del papel que deberían jugar los intelectuales, con lo que ganó una fama de rebelde que la condenó a la cárcel en su natal Polonia.

Rosa Luxemburgo es un ícono de la izquierda que sigue suscitando debates y a quien ahora se le dedican nuevas publicaciones y diversos actos en distintos lugares de Alemania; ella promovió la idea de que hubiera sido posible un marxismo distinto al soviético más allá del leninismo, en torno al cual se siguen tejiendo leyendas.

Con mucha frecuencia se cita de ella el pensamiento: “la libertad es siempre la libertad del que piensa distinto”; fue una de las primeras defensoras de la libertad de expresión, la que decía nunca debía reprimirse, además, pensaba que la revolución debía ser algo permanente, constante, sin receso, porque era un proceso de aprendizaje que necesitaba la libertad. Esa manera de pensar se declaró peligrosa por parte de José Stalin quien la denunció como enemiga de la revolución comunista soviética, que según él era la única verdadera. 

Luxemburgo veía la espontaneidad como la forma revolucionaria de oponerse a la burocracia sindical. Según ella, la acción revolucionaria debe pasar por un auténtico movimiento de masas y no por el estrecho marco del aparato del partido socialdemócrata y de los sindicatos.

“La Rosa Roja” fue una feminista mal o poco reconocida hasta ahora, ella equiparaba el problema de la mujer al de la opresión en general y a la espontaneidad humana.

El hecho de ser mujer no le podía impedir involucrarse y preocuparse por un cambio social más profundo. Rosa buscaba “lo abierto”, y, de hecho, cuando observó el oportunismo y autoritarismo con los que se producían las revoluciones socialistas, no cesó de señalar el peligro de ese exceso de confianza en un sistema autoimpuesto.

En 1907, Rosa también participó en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, informando de la labor de la Oficina Socialista Internacional, cuerpo del que era la única mujer miembro, y subrayando la importancia de que la mujer contara con una voz propia. Ella fue asesinada el 15 de enero de 1919.